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5 mayo, 2014 / Erik Macbean

Reventando mitos eróticos (sin querer)

Informo con nocturnidad y alevosía a quien quiera que siga asomándose por esta grandiosa bitácora que los editores de Pictograma acaban de publicar mi cuarta entrega, que va de pasión (precoz, como casi siempre) y desengaño. La pueden ustedes leer aquí. A modo de introducción me limito a reproducir el correo electrónico que me ha hecho llegar un buen amigo nada más leer el articulito. Sabrán perdonar que mantenga su anonimato cuando terminen de leer las líneas que siguen.

Me has jodido vivo. He puesto su nombre en Google y resultó ser una vieja conocida “musa tolera” mía. Guardaba un par de imágenes suyas de paja incontestable y ahora las voy a tener que tirar. Y conste que las selecciono cuidadosa y obsesivamente; si no he terminado antes la carrera es por el casting de celebrities que todas las noches me toca hacer en Google. Una prospección esmerada, sin duda, de cuya depuración depende el posible superávit de mi producción glandular. Pero claro, el cerebro es, como siempre, un problema. Decía uno de los personajes de Martín Hache que hay que follar con los cerebros. Cierto que la azotea puede ser viagra, pero también bromuro. ¿Cuántas zambombas no arruina una mala parida?

Esto me recuerda a una vieja teoría, que viene a decir que el desconocimiento de idiomas ayuda a disfrutar de la música. Las melodías resultan si la armonía y el ritmo son buenos, algo completamente independiente de si la simbolización verbal lo es también o de si se trata de una soberana soplapollez. Recuerdo haber dejado de escuchar más de una canción que antes me apasionaba al ver escrita la traducción de la letra al lado.

En este caso, cabría calificar la normalidad como una apelación a los significantes vacíos o flotantes del populismo. Soy normal: tengo 10 millones de euros en una cuenta y otros tantos de pelagatos que venderían su alma a Pepiño Blanco con tal de que se la chupase. Si te acercas a diez metros te crujen mis gorilas y si industrializamos tus babas sube el Ibex 35, pero soy “normal”. Es decir, sigue zurrándotela conmigo que ya encontrarás a alguien similar a quien puedas sujetar la bolsa del Zara en busca de un look parecido. Así funciona el “bisne” y esta estafa a la que llamamos vida. Sexopopulismo.

Muy bueno el artículo. Eso sí, me debes una musa.

De verdad digo que la última de mis intenciones es desilusionar a un amigo, pero así es la dura vida del escritor: hay que juntar letras con la piedad de un psicópata.

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3 comentarios

Dejar un comentario
  1. Luis Foronda / May 5 2014 2:21

    Oye, muy bien. Eso de publicar un mail en respuesta a un artículo que has publicado en otro sitio me recuerda a una época pasada (¡gloriosa!) de Internet. Otro día lo explico mejor.

    • Erik Macbean / May 5 2014 2:28

      Mi vida parece muy ajetreada, Luis, pero en realidad es todo una ilusión.

  2. gatomisifus666 / May 5 2014 20:41

    Reblogueó esto en Holaaaaa .-.

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