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31 agosto, 2013 / Jorge Gato

La salsa secreta era mostaza

Últimamente se me han aparecido a los sentidos ciertos despropósitos que merecen atención. Dejando de lado al gobierno de esta nación llamada España, porque ya estamos aburridos de esos psicópatas de ineptitud desafiante, quisiera centrarme esta vez en tres desajustes de la estética cotidiana que me han conmovido singularmente y que, caso de ser yo un pensador con una base filosófica digna, habrían hecho tambalear todos mis cuidados y trabajados cimientos. Por suerte solo soy yo, así que me lo voy a quitar de encima con este escrito y ya, sin más drama, sin ninguna raíz arrancada a manos de la infamia y la vulgaridad.

Si intento narrarlo por orden cronológico tendría que aceptar que pudiera estar mintiéndoles, ya que no recuerdo bien la sucesión de los dos primeros, así que lo narraré por orden pretendidamente cronológico para estar todos satisfechos. De este modo, me encamino a trasladarles un atropello gigantesco a la sensibilidad perpetrado, una vez más, por la emisora de radio Máxima FM. El locutor estaba haciendo algún tipo de disertación poco lúcida y menos importante sobre alguna materia relativa al verano y la juventud; nada, ya digo, demasiado sorprendente, sin innovación en ningún campo. Pero de repente, como ocurren estas cosas normalmente, soltó la gran bomba. En lo que parecía ser una batería de cosas atractivas que hacer este verano, el muy cabrón incluyó “ver amanecer”, que me pareció correcto, pero agregó “en el parking de la discoteca”. Pueden imaginar el horror reflejado en mi expresión, máxime cuando destaco por una gran teatralidad en mis comportamientos de aflicción o entusiasmo. Se me ocurren pocos sitios que puedan empastar peor con un amanecer que una superficie arenosa o asfaltada repleta de coches de colorines con sus maleteros abiertos y emitiendo atrocidades rítmicas castigadoras de tímpanos; todos, claro, merodeados por sus respectivos dueños y las amistades de éstos, borrachos y bebiendo y vomitando, y moviéndose con aire desesperado, y diciendo tonterías en voz alta y quebrada. Es un amanecer en el infierno. Es un contraste que no pude digerir de inmediato y que, de alguna forma, aún me pesa en el estómago.

El siguiente episodio tuvo lugar en la calle, muy cerca de donde vivo. Camuflado entre el tráfico angustioso pero habitual de la zona, se encontraba detenida otra bomba de relojería en la que el azar quiso que me fijara. Se trataba de la típica Renault Kangoo blanca de reparto y de su conductor, un ser rudo y bastante zafio, de aspecto desaliñado y casi grosero. No hubieran tenido ninguna relevancia de no ser por el letrero que adornaba los lomos de la furgoneta: ‘Reparación y afinación de pianos’. De pronto visualicé a tan magno instrumento siendo violado por la tosquedad de aquellas manos al intentar ajustar sus delicadas cuerdas, al pulsar sus suaves teclas, al levantar la tapa y descubrir sus más íntimos encantos. Imaginé a aquel pobre piano deshecho en la parte trasera de la Kangoo blanca sintiéndose desgraciado, sintiéndose vulgar y sucio, a merced de aquel hombre que apuraba una colilla como el que apura sus últimos segundos de vida. Aquel contraste me destrozó el día, me vine abajo.

El último encuentro con la decepción se produjo recientemente, tras comerme un Big Mac. Saboreé aquel manjar con la alegría que suelo, pero no pude evitar que entonces me asaltara el recuerdo de un anuncio de McDonald’s que había visto unos días antes. En él se detalla la composición de esa hamburguesa celestial, y se menciona que uno de sus ingredientes es la “salsa secreta”. Pues bien, por más que lo intenté, por más que me forcé a estirar aquel sabor hasta que traspasara las barreras de lo inteligible, no logré que la “salsa secreta” me supiera a mucho más que a mostaza. Imaginen el poso de tristeza con el que tengo que lidiar a diario.

Esto ha sido parte de mi verano, pero no todo. Adiós, agosto.

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3 comentarios

Dejar un comentario
  1. ariamsita / Ago 31 2013 14:02

    Tiene que aprender usted a soñar con el paladar 🙂

  2. Gelín. / Sep 1 2013 18:43

    No seas prejuicioso,para afinar pianos no importa el aspecto tan solo importa tener técnica y buen oído.

  3. Erik Macbean / Sep 2 2013 15:47

    El otro día me topé con una emisora llamada Gym FM. Explora.

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