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30 julio, 2013 / Jorge Gato

La sociedad menos preparada

La otra noche vinieron a parar a mi almohada ciertos ecos del futuro; eran inaudibles, discretos y parecían querer sacarme del letargo en el que he naufragado hace ya tiempo, por lo que se incrustaron en algún lugar de mi cabeza y me concedieron una claridad meridiana, una certeza absoluta sobre lo que somos hoy y sobre cómo se nos verá mañana. Estaba por dormirme y aquello, naturalmente, me distrajo de tal propósito. Pero no me importó demasiado que así fuera.

Al tener ya aprehendido el mensaje que me querían trasladar aquellos ecos, me perdí en teorías conspiranoicas que apuntaban a que el futuro podría estar desarrollándose en paralelo al pasado, el cual sin embargo es este presente, y que por algún juego de azar aquellas vibraciones rebosantes de información sensible se habían colado por una rendija dimensional y habían ido a parar a mis oídos; también hay que ver qué triste destino para tan ilustre suceso. Un rato después me pareció que eso no podía ser posible porque, de serlo, alguien hubiera colado ya una mano por esa rendija interdimensional y nos habría sacudido una buena hostia por inútiles y por golfos. No obstante, todavía no he llegado a ninguna conclusión definitiva a este respecto.

Lo que me trajeron aquellos ecos era una especie de reseña enciclopédica sobre la sociedad de estos tiempos, la de la primera mitad del siglo XXI. Me tocó un poco las narices el asunto porque detesto la Historia y porque de haber caído esta información en manos de mi compañero de blog y vivencias escandalosas, Erik Macbean, ahora mismo estaríamos lanzados a la dominación del mundo. Tal vez esta posibilidad también estaba calculada por el topo del futuro, y se equivocó de dirección postal o me lo mandó a mí para que esto quedara en la simple alucinación de un preescolar atrapado en el cuerpo de un adolescente que en verdad es ya un adulto, pero que constara aun así. No entiendo muy bien el propósito del Snowden este, la verdad, pero da igual. Yo os lo cuento y a otra cosa.

La reseña enciclopédica no la habían hecho amigos nuestros, y por eso nos hacía justicia. En ella se nos veía como la sociedad menos preparada de la historia y dedicaban folios y folios a explicarse, pero en realidad no hacían falta tantas explicaciones porque todo el mundo del futuro estaba de acuerdo con ese subtítulo que acompañaba -y lastraba y ajusticiaba- a LA SOCIEDAD DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XXI. Comprended que es un esfuerzo titánico para mí resumir aquellos dos kilos y medio de información sobre nosotros -seguían imprimiéndose cosas en papel-, pero aun así lo voy a intentar.

Empezaban dando palos a nuestros líderes, o más concretamente a la ausencia absoluta de líderes. Todos nuestros gobernantes quedaban dibujados como seres grises, tristes, vulgares, simples, anticarismáticos y sobre todo profundamente incompetentes. Ninguno se salvaba de la quema. Ninguno había sabido tomar las riendas, bien porque ni siquiera lo habían intentado, bien porque las tomaron y estrellaron el carruaje. El panorama era tan desolador como ya nos parece hoy, solo que nadie bueno llegaba después, seguíamos enterrados en esta avalancha de ineptitud hasta mediados los sesenta, más o menos. Destacaba la reseña, no sin cierta jocosidad, que ninguno de aquellos farsantes fue capaz de dejar una cita inspiradora que pudieran usar las futuras generaciones en las redes sociales. Apostillaban: «Los mal llamados líderes de aquel tiempo se dedicaron, en esencia, a dejar vencer las horas, a hablar mucho de nada, a llenarse los bolsillos, a desandar los pocos caminos que conducían a algún sitio y, sobre todo, a no aprender nunca nada bajo ninguna circunstancia y a no aportar ni una pizca de lucidez en ninguna de sus actividades. Su mayor logro fue institucionalizar la ruindad y la ignorancia. […] Fue la época dorada de la indigencia intelectual».

Por si alguien se lo pregunta, a Mariano Rajoy solo lo mencionaban en una lista que enumeraba a los líderes de la época por orden alfabético, así que ni ahí lideraba. Ni rastro de menciones a la vergüenza que tuvieron que soportar sus descendientes durante generaciones enteras por llevar su apellido, así que imagino que al cabrón este le van a salir las cosas lo suficientemente bien después de todo.

Seguían despiezando en la enciclopedia del futuro y esta vez era nuestro turno, el de la sociedad en general. Destacaban de nosotros la incapacidad manifiesta para exigir y asumir el empoderamiento que nos correspondía, motivo por el cual nos entregamos casi sin hacer ruido a la inutilidad de los sujetos que gobernaban nuestros terruños. De esta manera dejábamos pasar sus demostraciones casi diarias de incompetencia e irreverencia hasta que decidían darnos otra oportunidad para elegir a los siguientes patanes que volverían a hacer nuestras vidas algo más desgraciadas cada minuto. «Llama la atención la tibieza y despreocupación absoluta de aquella civilización. Si no fuera por lo registrado en las redes sociales y en algunas grabaciones caseras realizadas en bares, tendríamos que afirmar que aquella sociedad era indolente, estaba narcotizada o robotizada, y que no tenía ni putas las ganas de mover un dedo para cambiar nada porque en realidad le valía la mediocridad en la que se ahogaba, pues le era propia y conocida».

Un extracto llamativo: «Mención aparte merece el culto al título. En esta sociedad se produjo el reparto masivo de papeles firmados por instituciones académicas que, a ojos de aquellas gentes, probaban la valía y cualificación del sujeto portador, cuando en realidad solo acreditaban la invalidez de un tiempo perdido. […] Únicamente así puede entenderse el disparate continuo en el que se hallaban inmersos aquellos seres decadentes».

Y otro extracto que no tiene desperdicio: «Como toda sociedad cuasi tribal, las gentes de la primera mitad del siglo XXI construyeron sus propias bestias quiméricas. En aquella ocasión fueron denominadas “mercados”, “deuda”, “prima de riesgo” y “colapso de la banca”, y en virtud de las exigencias de aquellas fantasías mal dibujadas se forzaron todo tipo de sacrificios contra los contemporáneos y se cometieron toda clase de atropellos inconcebibles para cualquier habitante en el marco de una sociedad civilizada, cosa que, por cierto, estaban muy lejos de ser».

La reseña sigue y sigue, sacándome los colores a mí en mi nombre y en el de todos vosotros, mis coetáneos. Llega un momento en el que se explica en detalle cómo y cuándo se produce el cambio de tendencia que tanto necesitamos, pero no os lo voy a desvelar, os hará más ilusión descubrirlo en directo. Puedo anticiparos, eso sí, y para vuestra tranquilidad, que no será una guerra: «Aquella sociedad, la menos preparada de la historia, no estaba preparada en realidad ni para la guerra, pese a ser ésta una actividad inherente a la condición humana. […] El pavor que producía en aquellos sujetos la posibilidad de que en algún bombardeo cayeran las redes de 3G y 4G que alimentaban sus iPhones y iPads los inmovilizó por completo».

Os dejo una última cita como despedida, por si os aclara alguna cosa:

«Podemos por tanto afirmar, en virtud de lo expuesto en las anteriores 948 páginas, que en aquella sociedad, y dicho desde el cariño que la inferioridad genera en el claramente superior,los individuos eran, fundamentalmente y a todas luces, idiotas. Del primero al último. Sin distinción posible».

A ver cuándo quedamos a tomar algo.

Veo el futuro.

Así que sé cuándo.

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2 comentarios

Dejar un comentario
  1. Juan Tallón / Ago 28 2013 16:31

    Había oído que este blog estaba muerto, y quería comprobarlo personalmente.

    • Jorge Gato / Ago 30 2013 22:33

      Pero ya se sabe: uno está muerto hasta que deja de estarlo. No obstante, creo que hablo en nombre de todos los autores de este blog al decir que agradecemos y apreciamos que haya dedicado algo de su tiempo a certificar nuestra defunción, lo cual ennoblece la extinción de este espacio.

      Siéntase sinceramente abrazado por los aquí presentes.

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