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27 junio, 2013 / Erik Macbean

El placer de la tragedia

Hay iniciativas que beben de una inercia masoquista; se trata de llevarlas a cabo para reírse o, en el mejor de los casos, para pasar el rato pese a ser de dominio público que antes o después van a terminar en tragedia. Es lo que le sucedía al encargado de la barra del Bada Bing, el club de Strip-tease de Silvio Dante, lugarteniente de Tony Soprano, y es lo que me sucede a mí. El mentado obeso parecía encontrarse a gusto provocando constantemente al mafioso más importante de Nueva Jersey y yo hago lo propio matriculándome una y otra vez en una asignatura, la Numismática, que me niego a preparar.

En realidad es bastante difícil separar la risa del drama, porque son las dos caras de una misma moneda. Aunque el verdadero mérito se encuentra en no separar la risa del drama que uno vive en sus propias carnes. Por ejemplo, mis padres nunca entendieron que la coral de carcajadas surgida tras cada hostión que se metía mi hermano montando en bicicleta en verano lo único que buscaba era sentar un precedente para cuando a mí me tocase comerme el asfalto. Las condolencias siempre me han dado una vergüenza tremenda.

En el momento de escribir estas líneas me encuentro a la espera de que me den la nota del último intento en torno a la dichosa Numismática. Llevo cinco años participando económicamente con ese departamento universitario, pues cada mes de septiembre me matriculo religiosamente en una asignatura que, según el plan de estudios, tendría que haber aprobado en algún punto del año 2009. Pero lo cierto es que desde que nos presentaron sólo he acudido al examen en un par ocasiones. La primera fue un año después del flechazo; en 2010. Y la segunda fue hace apenas un par de semanas. Así que en total he presentado dos batallas de un total de diez. El resto de los cursos podían haber sustituido su casilla por el concepto “Donación”. Habría quedado más elegante. Y más exacto.

El hecho de que hace quince días yo arrastrase mis pies hasta el aula 22 de la facultad de Geografía e Historia dispuesto a analizar la vida y obra del maravedí responde a la amenaza de ser expulsado definitivamente de la licenciatura si no me consideran alguien medianamente versado en la materia. Esa sería la tragedia. Pero los que me conocen no pueden negar que el camino hasta alcanzarla ha estado gobernado por la risa y el desparpajo. El muchacho del Bada Bing, tras recibir la enésima paliza a manos de Tony, renunció al cargo. Sin embargo yo, tal y como recomienda el escritor gallego Juan Tallón, no estoy dispuesto a desertar de otro buen ridículo.

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