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19 abril, 2013 / Erik Macbean

Payasadas

Que este blog haya estado por vez primera más de un mes sin sufrir actualización alguna es una buena noticia para la comunidad de lectores que de cuando en cuando se dejan caer por aquí. José Antonio Montano explicaba, no hace mucho tiempo, que el “hipócrita lector” de Baudelaire ya no existe porque ha sido sustituido por el “hipócrita escritor”: ese sujeto incapaz de finalizar una lectura -real o figurada- antes de lanzarse a opinar sobre ella dejando constancia de su atrevimiento, por si el primer impulso, el mental, no fuese ya de por sí escarnio suficiente. De modo que este pequeño desierto literario no puede ser asumido sino como una noticia estupenda para todos.

Comprenderá el lector que los dos amigos que nos dedicamos a mantener el espacio más o menos presentable estemos en contacto. Por eso sé que a mi socio no le van mal las cosas. Sin entrar en muchos detalles, pues es persona discreta, puedo decir que últimamente su existencia se ve gratamente dulcificada por el aroma del campo y la genialidad de algún que otro intérprete contemporáneo (y reconocido por la crítica). En cuanto al que firma estas líneas, sólo puedo decir que creo haber adelgazado unos kilos en las últimas semanas utilizando un método de lo más novedoso que algún día patentaré.

Al hilo de esa dieta noruega tan bien traída me gustaría lanzar una pregunta: ¿alguna vez se han planteado cuál ha sido la payasada más grande que han hecho en la vida?

Yo una vez llegué dos años tarde a intentar iniciar una relación sentimental, por ejemplo. Estuve haciendo el gilipollas durante unos 700 días, aproximadamente. Qué me dicen. Minuto a minuto, sin descanso. Superen eso. También me apunté voluntariamente a un campamento militar cuando tenía 14 años. Gracias a aquella fabulosa experiencia me conozco muy bien la provincia de Soria; buena parte de las ardillas de la zona sigue hidratándose gracias a los charcos de sudor que dejé a mi paso en aquel infernal verano.

Un conocido al que aprecio, hablando de estas cuestiones, me comentaba que una vez le hicieron una putada muy grande. Una chica. Le vaciló hasta el punto de agradecer, los que ahora somos sus amigos, que el tipo no tuviese aquella noche una pistola en el bolsillo con la que poder volarse la tapa de los sesos. Por culpa de esa incapacidad para firmar un rápido epílogo, entre otras cosas, el chaval mantuvo una compostura espartana durante horas. Posteriormente, mientras caminaba de regreso a casa, se rompió varios dedos tras liarse a hostias con un árbol. En perfecta soledad, eso sí. Con nocturnidad y alevosía, como manda el código. A él todavía le quedó esa dignidad.

No deja de ser curioso aquel refrán que sostiene que de los errores se aprende. Y una mierda. Ante la evidencia que destapan algunos de ellos lo único que se aprende es a encarar la muerte con ilusión. A desearla. La lección no es aplicable a un nuevo error; si no se cae en él no es porque se haya analizado nada, sino precisamente porque no ha existido análisis alguno que haya animado el tropiezo. El escepticismo blinda al perdedor y le nutre de un coraje inusitado cada vez que se asoma a la ventana de un décimo piso. No existen segundas oportunidades, no se engañen. Todas las que se presentan arrastran la etiqueta de “primera”. Y cuando uno alcanza su cupo ya está, no hay más comienzos. La oscuridad y la lucidez se fusionan, entonces, en un amargo remolino gobernado por la crudeza.

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5 comentarios

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  1. Erik Macbean / Abr 19 2013 11:09

    Muchas gracias por su timidez y su atención. No conocía ni ‘Deseando amar’ ni tampoco ‘2046’. Pero ya que me ha hablado usted de ellas, tendré que ser presentado en condiciones. Pronto.

  2. Beijabar / Abr 19 2013 11:52

    No estoy de acuerdo en que no se aprenda nada de los errores, al menos vamos disipando la niebla que oculta nuestra propia insuficiencia, y eso es, desde determinado punto de vista, bastante gratificante. Mi payasada madre ha sido pretender que mi vida era un proceso de mejora continua, ahora se que no hay ninguna garantía de que hoy sea mejor que ayer, o que hace 5 años. ¡Gracias al cielo! Uno se siente mucho mas libre para, supongo, simplemente ser. Qué alivio.

    Gracias por la lectura.

    • Erik Macbean / Abr 20 2013 17:23

      Es probable que conforme se van sumando errores a la cuenta personal de cada uno, algo de niebla se disipa. Pero no creo que muchos saquemos provecho de esa mayor claridad. Usted mismo lo ha dicho: comete errores constantemente y sin embargo no existe ninguna garantía de mejora.

      Gracias, a usted, por la confianza.

  3. Gelín. / Abr 20 2013 21:18

    Para mi hacer payasadas son palabras mayores,debido al enorme respeto que tengo por el gremio de los payasos.

    • Erik Macbean / Abr 22 2013 4:21

      Yo creo que los payasos hacen el payaso. Es decir, desprenden dignidad. Las payasadas, sin embargo, tienden a carecer de ella.

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