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13 noviembre, 2012 / Erik Macbean

Cosas de idiotas

El problema lo resume, me parece, una interpretación recogida hace apenas unas horas.

Alguien, hablando de los famosos desahucios, señalaba la falta de previsión en la que han caído muchos de los afectados y, al mismo tiempo, aportaba como alternativa en modo retrospectivo -esto es: lo que se pudo haber hecho y no se hizo- el alquilar en vez del comprar, del poseer, del atesorar a toda costa una vivienda. La interpretación que ha hecho la segunda persona ha sido la siguiente: “Pues vale, lo que tú digas, todos a vivir debajo de un puente”.

Es preocupante que de un análisis más o menos discutible, pero sin duda pertinente, alguien extrapole la conclusión de que la persona que lo plantea está buscando realmente que todo el mundo termine tirado debajo de un puente calándose hasta los huesos cada madrugada. También es preocupante, dentro de lo cuestionable que pueda ser ese análisis, el hecho de que aquí, con la que ha caído, está cayendo y va a seguir cayendo, pocos se pregunten qué ha fallado y qué pudo haberse hecho para que las cosas no fallaran tanto.

Lo sencillo, claro, es coger la pancarta. Decir que los banqueros son unos “asesinos” y comentar, como ha sucedido en el emotivo texto de mi socio, que la única solución es la “Revolución”. Sin especificar por qué esa es la única solución ni contra qué o quién hay que hacer esa supuesta revolución. Tampoco hay que esperar, idiota de mí, que se explique lo que traerá esa magnífica revolución. Nada de eso. Ni cerrilismo elevado al cubo, ni falta de previsión, ni pollas. España está como está porque la única solución es una revolución todavía no llevada a cabo que pervive en el imaginario popular gracias al romanticismo que encierra su naturaleza abstracta.

Hay una cosa que se llama responsabilidad individual, que es eso que los políticos y los banqueros exigen a la gente cuando argumentan que “no se puede vivir por encima de nuestras posibilidades” y que también es eso que la gente de a pie, o una buena parte de ella, exige a los políticos y a los banqueros cuando exclaman que “hay que dejar de rescatar bancos con el dinero del contribuyente”, sobre todo si luego esas entidades no van a utilizar esas ayudas para comenzar a bombear oxígeno a la población. Yo estoy de acuerdo con unos y con otros. Creo que el tipo que firmó la hipoteca tiene que asumir su culpabilidad en el escenario que se dibuja ante sus ojos y creo, también, que los políticos y los banqueros deberían dejarse de hostias y comenzar a asumir sus errores. Y a enmendarlos, ya que estamos. En el caso de que no puedan, que asuman también las consecuencias de los mismos. Los políticos, además, podrían tratar de cuidar de sus ciudadanos sin caer en el populismo, la demagogia o el ‘anuncio medidas porque estoy acojonado’. Pero tampoco vamos a pedirle todas las peras a este olmo.

Termino con dos ejemplos.

Javier, alto funcionario del Estado, no tiene casa en propiedad. En su día decidió alquilar el piso en el que vive hoy para que sus hijos pudiesen estudiar en una buena universidad (el mayor está en París y el pequeño está terminando el colegio). A Javier, en su día, los colegas le decían que no fuese idiota, que comprase una casa y que luego mandase a sus hijos a recibir una buena educación. Que todo era posible. Él se decantó por la idiotez.

Juan, recién licenciado en Historia, ya tiene un país al que añorar. Hace unas horas ha cogido un vuelo con destino a un país latinoamericano con la intención de buscarse allí la vida y de no regresar. Las cosas le podían haber ido mejor, pero su familia no quiso alquilar los pisos que tiene en propiedad “por si acaso algún gamberro los destroza”. Porque eso de alquilarle la casa a un desconocido es de idiotas. Para qué hacer eso con tal de poder seguir invirtiendo en la educación de su hijo. Para qué, pudiéndose ir él a vivir en una ciudad andina y dejar de dar por el culo.

No hay que ser idiotas, efectivamente. La culpa, siempre, es de los demás.

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3 comentarios

Dejar un comentario
  1. Coherencia / Nov 13 2012 8:48

    Totalmente de acuerdo contigo. Me da pena que haya quienes pierdan su hogar, pero no se puede vivir por encima de nuestras posibilidades. Un saludo.

  2. Beijabar / Nov 13 2012 14:40

    Buen artículo, en efecto… esta es una situación a describir no como dolorosa o insostenible, sino como trágica, en el sentido estético aristotélico, precisamente por lo que comentas: Los hombres somos parcialmente responsables de lo que hacemos, pero tampoco podemos negar que vivimos en un mundo incontrolable, árido y en ocasiones directamente malintencionado que no controlamos y que afecta a nuestro devenir, por lo que la culpa ha de repartirse. Lo único que también señalaría es que si nos ponemos Kantianos y analizamos la intención, la de unos es mala y la de otros no, su “pecado” es la ignorancia o la falta de prudencia… (la cual tiene un valor incalculable, no se puede negar).

    • Erik Macbean / Nov 16 2012 2:34

      Es muy interesante esto que argumenta al final del comentario. Sin duda, debe ser tenido en cuenta: la mala leche contra lo mala que es la ignorancia.

      Un saludo.

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