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6 noviembre, 2012 / Jorge Gato

Recuperarse

Hemos sabido de aquel que por fin entendió que llevaba ya un tiempo sin pertenecerse a sí mismo. A duras penas puedo recrear en mi cabeza el desconcierto de ese hombre al que se le agotaron las vías para imaginar que aún era libre, que era independiente, que poseía algo en modo alguno. Prefiero no saber para no sentir, y no soy el único.

Aquel que por fin entendió que era un desposeído había perdido ya la costumbre de soñar, y solo soñando se puede aún atisbar un mundo posible dentro de este mundo imposible, de este mundo perverso y a la deriva que no deja de perseguirte hasta que no te queda más que sangre corriendo por ambos lados de la piel. Aquí, donde los maestros de la frivolidad presentan los presupuestos más sociales de la historia entre carcajadas, no queda nada para nadie. Es un lugar infecundo, hostil e inhabitable; una tierra en vías de extinción, si acaso no se ha extinguido ya y nos ha llevado a todos con ella. Si es así, por favor, que cese pronto este mal sueño.

En medio de este apocalipsis sereno y prolongado hay quien todavía cree que podrá hallar alguna evidencia de humanidad o empatía en sus dirigentes, pero sus dirigentes están muy ocupados riéndose a carcajadas mientras administran sus notables patrimonios o inventan sofisticados eufemismos para seguir burlándose de sus siervos. Si son descubiertos en este renuncio, todavía hay una solución: sacar a la calle sus legiones de autómatas tan dispuestos a apalear a adolescentes, transeúntes o ancianos como a manifestarse al día siguiente por los mismos motivos que lo hacían los apaleados. Y así todo.

José Miguel no pudo soportarlo más. Este absurdo perpetuo lo había engullido contra su voluntad y ya no iba a detenerse nunca; él lo sabía. Solo le quedaba sentarse en el parque -el que hubiera sido su nuevo hogar- y enloquecer en silencio o pasar a la acción e intentar recuperarse. Descartó la primera opción, seguramente exhausto y avergonzado de tanto mirar a sus tres hijos sin poderles ofrecer nada de sí mismo pues ni siquiera a sí mismo se pertenecía ya. Para recuperarse, y es un recuperarse en el sentido no de mejorarse, que también, sino de volver a tenerse, disponía aún de dos caminos posibles: ir hasta aquel que lo poseía y arrebatarse de sus manos o el otro, el que tomó una lluviosa mañana de octubre. De nuevo descartó la primera opción tal vez porque las manos que lo poseían eran demasiadas y demasiado bien protegidas, o porque le pudo la urgencia, o porque lo aplastó la impotencia. Decidió hacer uso entonces de la última carta, el último recurso que pudo encontrar: agarró una soga y con ella se agarró a sí mismo. Tanto se agarró con ella que ella acabó por ahogarlo, pero tanto se agarró con ella que consiguió, por unos segundos que a buen seguro le resultaron eternos, recuperarse a sí mismo de un tirón en el último acto por el que se le recordará.

Hay algo irónico en que la fórmula comúnmente utilizada sea ‘ejecutar el desahucio’ y no cualquier otra; quizá sea también un legado de los maestros de la frivolidad.

El jueves 25 de octubre de 2012 se ejecutaron, en un municipio granadino, un desahucio y un reo al que todos tenían por hombre libre. Pero cuidado, porque no todos nos extinguiremos en silencio.

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4 comentarios

Dejar un comentario
  1. Gelín. / Nov 7 2012 19:38

    Única solución::Revolución.

    • Erik Macbean / Nov 8 2012 2:15

      ¿Contra quién? ¿Contra qué? ¿Para qué? ¿Por qué?

      Gracias.

  2. Gelín. / Nov 18 2012 18:55

    Según la RAE:”Cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación”Más que nada para poder respirar(social y económicamente)un poco.

    • Erik Macbean / Nov 19 2012 10:51

      Su comentario, señor o señora Gelín, respondería parcialmente a las cuatro cuestiones. Lo que pedía era un análisis más elaborado. A qué se aspira con esa “revolución”, más allá del “respiro” que usted menciona. Cómo se llevaría ésta a cabo. Qué garantías existen para que esa “revolución” no termine siendo peor que la enfermedad que pretende sanar. Etcétera. Puede utilizar ejemplos históricos para ilustrar su argumentación, si le place. Gracias.

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