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24 mayo, 2012 / Jorge Gato

Mis paredes

Es la propia música la que no impacta igual en todas las paredes, y la que no hace nada por el frío en mi espalda a su roce con la pintura; solo lo deja ser, lo deja entrar. Intento parecerme a ese sonido a veces concreto y a veces difuso, pero mi torpeza es humana, así que solo consigo quedarme aquí sentado, en el suelo, sin más respaldo que esa pared en la que sigue rebotando el ruido ensordecedor del recuerdo.

Estas paredes son en realidad para mí un espejo, un espejo incapaz de devolverle el presente a mi inquieto mirar. Es un espejo que solo me muestra el pasado, una puerta abierta a todo lo que una vez fue, y fui, mientras él me rodeaba sin violencia, como aún lo sigue haciendo. Aparecen y desaparecen las memorias como aparecieron y desaparecieron las vivencias: con rapidez, sin grandes dramas, sin adornos ni poesía. No preocupan esos atavíos en el abismo de lo acontecido.

Ahora que su frío se torna en calor compartido, ya el espejo no me recuerda nada, anulado por un contacto tan presente e inesperado que ni los muchos años transcurridos pueden vencerlo. Por eso llega el futuro, a su pesar y al mío, pues el futuro no nos agrada. Este futuro derrotará a la música y hará del eco un himno al vacío. Esperará todavía el espejo para el recuerdo, pero para ese recuerdo que no se renueva, que no escribe nuevas páginas, que cada vez se ve más lejano, y más y más lejano, hasta hacerse tan pequeño que duele y pesa; ese recuerdo no es sano, esa melancolía ahoga y debilita. La música, como yo, cada vez rebotará con más distancia en el espejo, hasta que nos sintamos extraños a su tacto y la lejanía nos vuelva indiferentes; el calor que ahora comparten él y mi espalda volverá a ser frío, un frío intenso y sin retorno, hasta que algún día el frío agriete el cristal y derruya las paredes para siempre. Ya entonces todo lo que se podrá decir de mí es que alguna vez, si acaso, fui; y las miradas que nos buscaban en aquella perpetua oscuridad, hoy aún tan densa y acogedora, ya no ocupen lugar en la memoria de nadie.

Temo el día en que estas paredes me sean ajenas.

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One Comment

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  1. toneti / May 26 2012 0:43

    Mi vida no fue muy diferente a la tuya, yo salí de mi casa para casarme con 29 años y salí llorando amargamente por dejar a mi familia y a esas paredes que tanto significaron en mi vida.

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