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8 mayo, 2012 / Jorge Gato

El Parque de los Ausentes

Ha nacido un Sol raro, mediocre. Ha nacido un Sol exacto para lo que debe iluminar. Y ha nacido así aunque por nadie era esperado, ni demandado. Este Sol no ha llegado hasta aquí por azar, es un Sol descolorido por los muchos lavados en el agua y sal de las lágrimas perpetuas, de las que ya nunca hallarán consuelo. Esas lágrimas han conseguido calar al mismo Sol, quizá hasta su raíz, y así es como luce ahora deteriorado, consumido. El nuevo Sol no recuerda nada que merezca la pena ser recordado ni transmite sensaciones que nadie desee sentir; es el Sol hospedado en la sonrisa de un fumador desvencijado, o el Sol reflejado en una pared orinada, acaso escupida.

Este Sol viene y viene, y ya nunca deja de venir. Regresa tanto que parece que quiere, que desea, que pretende. Pero este Sol no trae de vuelta a nadie.

Hace tiempo que este Sol malsano deja en la penumbra al Parque de los Ausentes, pero el que acude allí no alberga más altas esperanzas; allí la media luz está bien, es decente, aunque la media luz no haga de la tristeza una media tristeza, solo una tristeza entera a medio iluminar, vulgarmente expuesta. No hay rastro de belleza en esa clase de profundo padecimiento, donde un Sol árido es solo otro desperfecto menor, otro que queda desmerecido en corazones ya ahogados por la ausencia.

Hasta este parque se acercan los desahuciados, los que han sufrido la pérdida de más de la mitad de sus vidas con la condena de seguir viviéndolas hasta reventar, hasta desfallecer. Los toboganes y columpios allí presentes son un fiel reflejo de sus habituales, todos ellos oxidados, quebrados, inservibles; incompetentes para su propia existencia. En este recinto reina la armonía estremecedora que arrastran consigo los seres vacíos de sí mismos, como si las ausencias hubieran acabado por embargar todo rastro de sus personas más allá del pulso que tan sentenciadas a vida las deja.

Allí está la Madre a una hora tan extraña como el Sol que la alumbra, a una hora que es en realidad una impostura, pues a esa hora ningún niño va al parque. En cambio sí va ella, sola como tantos otros días, intentando recuperar lo irrecuperable o fingir algo hasta que no haga falta fingirlo más. Esta Madre que fue madre, y que quizá lo fuera durante demasiado poco, o acaso estuvo cerca de serlo o solo quiso serlo, exhibe bajo este Sol amargo el silencio de dos ausencias: la que fue o pudo ser y la que, seguro, es. Es la suya, la más densa, la única incuestionable. La que me enmudece.

Allí está también el Vagabundo. Un vagabundo primerizo que todavía conserva cosas impropias para quien haya lidiado con más de un frío invierno tendido en el asfalto. Esas cosas son las que en realidad le recuerdan su propia ausencia, ese vacío inmenso de quien vive una segunda vida para la que no estaba preparado y de la que desea escapar cuanto antes, al precio que sea. Hace uso de un traje de su talla, quizá intentando recuperarse a sí mismo, reafirmarse en lo que alguna vez llegó a ser; afirma en cambio sus tres ausencias: la de una vida perdida, la de una vida malquerida y la que, seguro, es. Es la suya, la más pesada, la más obvia. La que me conmueve.

Y allí estoy también yo. Observándolos a ellos para no tener que observarme a mí, quizá porque ya no haya nada que observar en mí. Arrastro el peso de cuatro ausencias: la que fue, las dos suyas y la que, seguro, es. Es la mía, la indudable, la eterna. La que me asola.

Este Sol viene y viene, y ya nunca deja de venir. Regresa tanto que parece que quiere, que desea, que pretende. Pero este Sol no trae de vuelta a nadie, ni siquiera a mí.

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4 comentarios

Dejar un comentario
  1. Eva / May 9 2012 0:28

    Precioso, simplemente precioso.
    Joder, todavía me cuesta respirar.
    Como las pelis que te atrapan en la butaca y te hacen chiquitita en ella: turbador, inquietante, estrujándote el estómago….
    Uf… Me ha encantado.

    • krknose / May 9 2012 20:39

      Me alegro de que lo haya podido disfrutar tan intensamente.

  2. toneti / May 9 2012 23:43

    Espero y deseo que no sea autobiográfico, si fuera así no entendería nada, no se correspondería con la realidad, al menos la que yo creo vivir.
    En cuanto al escrito, te felicito, es tan abrumador como tristemente bello.
    Mi opinión sobre lo que dices, prefiero reservármela que ya me tenéis bastante etiquetado.

    • krknose / May 10 2012 0:28

      Cumbres sin ecos siempre transitando por el singular camino que separa la ficción de la realidad…

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