Skip to content
22 agosto, 2011 / Jorge Gato

La rosa de plata

Hoy pido perdón a La rosa de plata.

Estilosa y refinada, siempre impoluta y elegante, tallada con el esmero y el cuidado de los que sólo el viejo artesano era capaz, desde el mismo momento de su concepción la rosa supo que era especial. Su plata pulida con infinita paciencia le concedió unas características únicas mucho más allá de su evidente belleza, pues poco sabía su creador de las peculiaridades de aquel material.

Convertida en objeto de culto por el artesano, a su muerte, condenada la rosa a vagar por el mundo, por los escenarios de mil hogares, convertida en regalo de enamorados, de amigos, de familiares. Su plata, albina como ninguna otra, era capaz de conducir la minúscula electricidad generada por las más profundas emociones, lo que hacía de ella un obsequio que trascendía lo puramente material para convertirse también en el puente que comunicaba todas las cosas imposibles de expresar.

Así la rosa presidió cientos de comedores, de dormitorios, de recibidores. Acumuló la sapiencia de quien puede vivir mil vidas mientras, vestida de plata, jugaba a ocultarse del dañino sol y dejaba que la luna alumbrara noche tras noche su distinguida figura, pues sabía que ninguna luz se posaba sobre otra rosa con semejante excelencia. Miles de palabras la presentaron y la entregaron. Cientos de lágrimas y sonrisas arrancó en su extenso y majestuoso viajar. Pero nadie fue capaz de averiguar por qué no se podía mirar con indiferencia a la rosa de plata.

Mil veces de amor la acariciaron y otras mil por asegurar intacto su cautivador brillo, para que luciera radiante como el primer día, con el vigor y la plenitud de quien renace en cada aurora. Pero de las mil caricias también sacó desgaste, de los cientos de manos que alguna vez sostuvieron aquel esbelto tallo heredó oscuras heridas que se extendieron por su nunca antes frágil cuerpo. Nada comparado con tantas otras rosas marchitas, se decía la rosa de plata. Mas el desgaste nunca mermó.

Rosa de plata, nunca una arruga, aun oscura, sentó tan bien a un cuerpo, aún bello y espléndido. Al acariciar tu cuarteada piel plateada acariciamos tus mil vidas, tus mil historias. En ti representada como en ninguna otra la belleza de caminar y de quien caminó, de quien arriesgó sin saber si ganaría y de quien encontró sin ni siquiera buscar. Por ti sabemos que renacer en cada aurora es posible y que, aunque el tiempo se da prisa por desecarnos, inmortal es la elegancia de las lágrimas y las sonrisas que alguna vez reflejamos.

Anuncios

One Comment

Dejar un comentario
  1. TONETI / Ago 23 2011 13:42

    ¡Bellísimo relato!, aunque ciertamente no conozco la historia de la rosa que te sirvió como inspiración, tal vez Doña Consuelo pueda ayudarte.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: