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18 agosto, 2011 / Erik Macbean

JMJ

Reconozco que cuando abandone este país, cosa que sucederá antes o después por cuestión de salud mental, voy a echar de menos muchas cosas. Una de ellas será la capacidad de sorprenderme, a la que seguro sustituirá un fino manto de aburrimiento crónico. Porque no me jodan ahora con que el asunto de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que se celebra estos días en Madrid no tiene su tela marinera tan divertida como patética, a partes iguales.

Los cientos de intelectuales que leen este espacio a diario ya saben que no suelo simpatizar con las simplificaciones que se basan en que hay buenos y hay malos a raíz de mantener una postura u opinión frente a otras. Trato de juzgar, casi siempre, el nombre y el apellido del sujeto y no su línea de pensamiento. Pero para los nuevos seguidores de esta magnífica bitácora recalcaré, por si acaso, que no suelo ser amigo de crear bandos con brocha gorda más allá del de los gilipollas y, normalmente enfrente de estos, los que intentan no serlo demasiado. ¿Sobre el terreno? Pues que ni todos los católicos son unos santos sonrientes y de gran corazón ni tampoco son todos unos fachas además de hijos de la gran puta por inercia. Habrá de todo, como entre los laicos: inteligentes, comprensivos y racionales –por un lado- y fanáticos no creyentes con una actitud de lo más medieval –por el otro-.

Dejando ese punto concreto ya explicado, pasaré a comentar para todas esas decenas de miles de lectores arriba mencionados una serie de curiosidades que he venido observando recientemente.

Invasión. El centro de Madrid, acostumbrado a vivir agostos de calma, tranquilidad y espacios abiertos hasta en las alcantarillas, se encuentra saturado por bastantes jóvenes católicos (entre uno y dos millones, según las previsiones) que han decidido visitar la capital para “estar cerca” del señor Benedicto XVI. Ratzinger para los amigos. Muchos de los que se han quedado estos días por aquí, trabajando o vagueando, se quejan de las molestias que causan estos tipos y del dinero que el Estado, en teoría apartado de cualquier corriente religiosa, ha invertido para promover el viajecito del ayatolá de turno. A mí la avalancha de gente me molesta como a todos los demás que no comparten esa sensación de delirio motivada por la visita del líder católico. Hasta ahí bien. Pero me resulta gracioso que muchos de los que se quejan ahora no se quejasen en su día con las celebraciones que se organizaron a raíz de la victoria de España en el Mundial de Sudáfrica (conquistado hace poco más de un año) o las que tuvieron lugar tras el triunfo de la Eurocopa unos pocos años antes. Por no hablar de los títulos que gana el Real Madrid de cuando en cuando, el Atlético de Madrid una vez al siglo o el revuelo que levanta Doña Belén Esteban cada vez que va a promocionar una cacerola al Carrefour de turno. Como tampoco se quejaron –los que se quejan ahora, digo- de la presencia del Movimiento 15-M en las calles de Madrid; durante un mes largo de forma constante. Y en cuanto a la pasta que se está dejando el Estado a la hora de promover los eventos de esta semana, debo decir que en el aspecto más sentimental de la cuestión estoy de acuerdo: un país sin religión oficial no debería destinar un duro para que un líder religioso de lo que sea se vaya dando paseos por aquí o por allá. Pero también invito a todos aquellos que se quejan del supuesto despilfarro que se vayan a un bar del centro de la ciudad, a un estanco de la Gran Vía o a un hostal de Alonso Martínez a preguntar cómo les está yendo el agosto. Igual hay sorpresas.

Juventud comprometida. Muchas personas orgullosas de pertenecer a la Iglesia Católica y contentas de tener al señor Benedicto XVI dándose un garbeo por esta hermosa villa aseguran que la congregación de decenas de miles de jóvenes de todo el mundo es una bella expresión de cómo todavía existe juventud comprometida con una buena causa. Una afirmación curiosa, además de tiránicamente subjetiva, teniendo en cuenta que algunas de estas personas, por no decir muchas, tildaban a los famosos indignados –muchos de ellos jóvenes- del Movimiento 15-M de ser una panda de vagos, maleantes y okupas callejeros sin ánimo alguno más allá que el de obviar el agua de la ducha durante un par de semanas.  ¿Los hubo así? Desde luego, pero no creo que fuesen una aplastante mayoría y, esto es evidente, compromiso entre los que acamparon en la Puerta del Sol o se reúnen periódicamente en las asambleas de los diferentes barrios madrileños hay y, si se me apura, hasta sobra. Otro debate es hacia dónde van a evolucionar y dónde acabará la energía destinada a ese compromiso, tan válido y digno como el de la muchedumbre que campa a sus anchas por Madrid estos días.

Un nuevo sucedáneo: el no creyente religioso. Con motivo de la visita del amiguete Ratzinger varias agrupaciones laicas, alguna que otra católica pero crítica y otras de carácter que no entiendo muy bien han convocado una manifestación ‘anti Papa’ que ha terminado a palos con la policía poco antes de la publicación de esta humilde reflexión. Legítimo es que se proteste por lo que sea, e interesantes y honrados eran algunos de los mensajes que pretendía trasladar la organización de la marcha. Pero claro, te pones los vídeos del evento y ya tienes a unos notas sacándoles el dedo corazón a los peregrinos que estaban por allí y a dos homosexuales agarrados de la mano gritando a pleno pulmón adjetivos como ignorantes y tal. Poco después se alza un cántico en el que dicen que Benedicto XVI es un nazi (el pueblo español siempre tan amigo de profundizar en determinados conceptos históricos, para variar) y, por último, uno se entera de que, por lo visto, ha habido algún intercambio de botellas, que es lo que a la larga ha provocado la intervención de los de azul. Y si a esta rabia contra el católico demostrada durante la marcha –porque una cosa es protestar contra el gasto público que genera el tinglado y otra arrearle un botellazo o enseñarle una caja de condones a un quinceañero australiano que ha venido a pasar unos días con sus colegas de parroquia- uno añade ciertos comentarios de ciertas personas, no particularmente radicales en otros asuntos, expresados en voz alta durante estos últimos días, pues se alcanza la conclusión de que a estos lares ha llegado una nueva religión: el Ateísmo Radical (no confundir con el ateísmo moderado o el agnosticismo, por favor). Porque, bromas de la Historia, el odio que se percibe en esa dirección recuerda bastante a cuando los cristianos la tomaban con los judíos de la ciudad de turno simplemente por estar ahí y ser los raritos. Salvando las distancias entre una situación y otra, claro. Sin muertos, sin hogueras y sin esas cosas. Pero el fanatismo de unos y otros tiene un paralelismo que cientos de años después no se ha conseguido difuminar del todo.

Ese extraño e-mail. Hace unos días recibí un correo electrónico. La remitente era una misionera católica que lleva más de una década larga viviendo de forma permanente en una zona de guerras tribales en algún punto de África. Concretamente, cerca de Somalia. Al principio creía que el correo electrónico me anunciaba la visita de alguien de por allí con motivo de la JMJ, y que adjunta iba a encontrar una nota pidiendo que prestase un poco de atención para con esas personas. Pero estaba equivocado. En el correo electrónico esta persona me pedía ayuda extraordinaria debido a la crítica situación que está atravesando toda esa zona (en los titulares suele aparecer Somalia por el clima de guerra civil que se respira en ese país desde 1991, pero las duras condiciones climatológicas y la mortal sequía de la que se habla afectan también al sur de Etiopía, al norte de Kenia y al país más reciente del mundo: Sudán del Sur). Ni una sola mención a Benedicto XVI o a la JMJ. Ella es lo que llamaría el señor Arturo Pérez-Reverte un miembro de la “infantería católica”. Aquella que es coherente con sus creencias y merece todo el respeto del mundo. Como las religiosas, monjas muchas de ellas, que se quedaron en Ruanda en el año 1994 cuando los hutus se estaban cepillando a todo tutsi viviente mientras los soldaditos de la ONU salían por patas. No vaya a ser que caiga algún machetazo en la cabecita equivocada y la vayamos a joder, Pierre. Entonces, al recordar a estas personas y después mirar a los centenares de miles de católicos venidos de casi todo el mundo que han hecho suya Madrid esta semana, me entra la duda de si el dinero empleado para venir aquí a adorar al colega de la bata blanca no podrían haberlo destinado para realizar otro tipo de viaje. Claro que muchos me podrían responder que ya los hacen, que ya los han hecho o que ya los harán. O, simplemente, que cada uno demuestra la fe como le sale de los cojones. Pero, aún así, y con toda la prudencia del mundo mundial, no puedo evitar pensar en mi amiga, la misionera, tratando desesperadamente de salvar una nueva vida en el culo del puto mundo, con el nombre de Dios por delante, mientras aquí dos millones de chavales se tragan las monsergas de un tipo apellidado Rouco Varela, cuya única intención es poder mantenerse al frente de la Conferencia Episcopal Española dos años más antes de ser jubilado por el Vaticano. Todo esto no es un comentario jocoso; me lo han contado fuentes cercanas al monseñor en cuestión.

ABC. Suelo comprar El País. También leo habitualmente El Mundo. Pero estos días he roto esa rutina y estoy comprando el ABC. El del quiosco alucina, a juzgar por cómo me mira. Probablemente piense que me he cambiado de chaqueta, aunque no le queda del todo claro porque el rosario o la pulserita del Padre Nuestro que dan por 50 céntimos de euro más no los recojo.  Simplemente compro el ABC porque es el periódico que más atención le está prestando a un evento que me interesa por diversos motivos. Ni más ni menos. Lógico, ¿no?

En definitiva, que es todo muy divertido y muy patético, porque vuelve a poner de manifiesto cantidad de miserias. En general. Aunque al mismo tiempo es muy interesante, en cierto modo. Así que en esas estamos, reflexionando yo también. Tal y como me pide que haga el indignado de turno. O el católico de turno. En definitiva, que estoy a la última moda. Pero de momento sigo en mis trece: no es que haya unos buenos y otros malos, es que los hay más gilipollas y menos gilipollas. Y a partir de ahí, elijan equipo.

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4 comentarios

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  1. Lois / Ago 18 2011 1:47

    Perdona,pero as visto lo que te ha dado la gana de manera selectiva.No se si sabes que esta gente intento bloquear una manifestacion ilegal.Hubo gente que se sento en el suelo y otros se pusieron a gritar “esta plaza es del Papa”.Tal vez no has visto como a lo largo de las calles de Madrid se iba insultando a los manifestantes.Tal vez no vistes bien tampoco ciertas banderas españolas con el aguilucho portadas por “peregrinos”.
    A eso sumale un plan de atentado frustrado a manos de un ultracatolico mexicano y el apuñalamiento el otro dia de un jubilado que protestaba con un cartel.¿Te imaginas que fuera al reves?.Seria portada en todos los periodicos.
    El problema es que la mayoria cree que los peregrinos son todos como esos adolescentes pijos de 15 y 16 años que van con la guitarrita y se ven en la television.Y obvian la presencia de ultras violentos.Olvidamos por ejemplo que toda la extrema derecha española es catolica militante.

    • erikmacbean / Ago 30 2011 0:10

      Hola Lois,

      Es cierto que hubo algunos jóvenes católicos que trataron de bloquear -más con gestos como plantarse en plena calle que con otra cosa- la marcha autorizada por la Delegación de Gobierno. Y es cierto también que hubo cruce de cánticos y eslóganes entre unos y otros. Pero las cosas como son: la marcha laica -que, repito, pretendía transmitir algunos mensajes muy concretos y respetables- acabó como el rosario de la aurora sobre todo debido a la actitud de algunos manifestantes, a los que se les fue la olla. Esta última afirmación no es mía, es de uno de los asistentes a dicha manifestación, que además es un buen amigo mío y un tipo de lo más inteligente. En cuanto a las banderas que mencionas, no tengo constancia de que hubiese ninguna. Si puedes aportar una foto a través del correo electrónico del blog, te lo agradecería.

      En cuanto al atentado frustrado a manos del estudiante mexicano (atentado frustrado es ir muy lejos: el tipo había declarado sus intenciones en unos foros de Internet y tenía cuatro apuntes hechos en un cuaderno; incluso la propia policía ha asegurado que su detención fue “preventiva” por si acaso le daba por hacer lo que al tal Breivik en Oslo, pero que no había nada en marcha) o la agresión al que protestaba -me parece irrelevante que fuese jubilado, parado o nigeriano- contra la visita de Benedicto XVI, sólo puedo decir que de momento son dos hechos aislados, totalmente condenables, pero que no se deben extrapolar a todo católico que habite en la faz de la tierra. Y que es lo que yo denuncio: el hecho de señalar a todo católico como hijo de puta, fascista y pederasta. Eso es de una simpleza intelectual alarmante.

      En cuanto a la afirmación de que toda la extrema derecha española es católica militante, sólo puedo contestarte que eso demuestra, de nuevo, una simpleza intelectual alarmante. Hay una parte de la llamada extrema derecha, normalmente la más próxima al franquismo, que se considera nacional católica. Y luego existe la derecha del Partido Popular, que también suele comulgar con la Iglesia Católica. Por un lado, eso. Por el otro tienes a los falangistas históricos, muy críticos con el catolicismo (no se daban de hostias con los carlistas por amor al arte, aunque bien es cierto que la religión no era su única diferencia de base). Este sentimiento ajeno a lo católico y normalmente amigo de lo pagano lo han recogido ciertos sectores de la extrema derecha española a día de hoy.

      En cuanto a tus críticas hacia los peregrinos de la JMJ y hacia la Iglesia Católica, pues estoy de acuerdo en parte. Como comento en uno de mis puntos, yo me pregunto si todos los que están ahora en Madrid tienen pensado realizar -o han realizado ya- viajes a otros sitios menos agradables y donde sí se necesita ayuda con urgencia. Que aplaudir al Papa puede estar muy bien, pero no debería de ser lo único para ellos. Y como digo, hay que saber diferenciar entre la “infantería católica” -que normalmente sí puede identificarse con la que tú llamas ‘Iglesia de los pobres’- y toda esta parafernalia vaticana. Hay gente en los lugares más insospechados que sudan sangre para plantar un jodido árbol frutal mientras se escucha ruido de ametralladora noche sí noche también. Y que están ahí movidos por la fe católica. Creo que a esa gente no se la puede reprochar casi nada.

      Por último, no creo que todos los asistentes a la JMJ sean “pijos” o “niños de papá”. Los habrá que sí, y los habrá que no. Precisamente, me pronuncio en contra de ese tipo de generalizaciones. No a favor de unos o de otros.

  2. Lois / Ago 18 2011 1:56

    Me equivoque.Bloquear una manifestacion legal.Obviamente.
    Y al final acaban dando palos a la “chusma” trabajadora.A los boicoteadores como son todos los niños de papa (y del Papa) del mundo mundial no se les toca ni un pelo y se les ha permitido todo.¡La Iglesia de los pobres! Ja.Miralos a todos.Jesus hoy estaria indignado al ver la que han montado…

  3. Guest / Ago 18 2011 12:34

    Completamente de acuerdo con los comentarios anteriores, Es que hay que ser gilipollas para no aguantar ni unos insultos de nada que se ponen a gritar consignas de lo mas agresivo como eso de “viva el Papa”, que no se podia ni oir los insultos a gritos. Y lo que mas me sorprende es que les pegas unas patadas y unos botellazos y la policia interviene. ¿Es que en este pais ya no hay libertad?

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