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1 agosto, 2011 / Jorge Gato

Combustión

I. Alf y Clarisse

No quisiera predisponer al lector para odiar a este sujeto, pero en serio que es un tío insoportable. José Alfonso Mencía es el niño caprichoso que ya pasó los 30, hijo de familia adinerada y acostumbrado a hacer y deshacer a su antojo sin más mérito que la fortuna de su alumbramiento. Luce un bronceado perpetuo y una dentadura perfecta e insultantemente blanca, lo que no deja de hacerle parecer algo acartonado, como una especie de muñeco de cera cutre. Sin embargo, esa cera se abre en surcos para componer su torso trabajado a conciencia, no demasiado musculoso, pero muy sutilmente formado. Su media cabellera castaña, sedosa y reluciente hasta la arcada, es un complemento ideal para cuando Alf -apodo que le gusta- se adentra en el mar erguido al timón de su velero con el propósito de hacer toda clase de pijadas innombrables en compañía de sus amigos del club de tenis.

Alf ya se ha colocado en la vida. Asume un papel absolutamente irrelevante en la gran empresa familiar pero que, como es lógico, le asegura un puesto directivo cuando se haya hartado de hacer el capullo. Porque Alf se siente un espíritu libre, un rebelde. Pero solo es un capullo. Un capullo con novia, Clarisse, que tan solo se llama Clara. Pero sonríe más si todo el mundo cree que es Clarisse. Es una delicia. El caso es que hacen una pareja simpática. Ella no está demasiado cuerda me da la sensación, las pocas veces que interviene en las conversaciones lo hace para soltar alguna composición extraña de su mente que rara vez tiene algo que ver con lo que se discutía. Por suerte para Clara, su presencia no suele ser un incentivo para tratar temas complejos, lo que disimula su -creo- comprometida situación mental. Sospecho en cambio que Alf aún no se ha dado cuenta, está demasiado ocupado haciéndose el adolescente maduro, el responsable. Para su próximo cumpleaños le regalaré un chupete, no sé, por ver cómo le cae.

Clarisse tiene espíritu de diva indie. Va con camisones vaporosos por la vida y sabe cantar y tocar la guitarra con bastante destreza. Es una hippie tardía de voz aterciopelada. Alf se propuso desde bien pequeño destacar en todo, y por eso lleva mal que su novia nos ofrezca sus recitales de melodías dulces y sofisticadas a cambio de nuestros sinceros aplausos. Se le puede ver cortocircuitándose en silencio mientras Clarisse se deshace en notas ante nuestros ojos. Alf la quiere, pero ha llegado al límite. Así que hace un par de semanas nos comunicó que va a grabar un single para ver qué acogida tiene y, si va bien, quizá dedicarse profesionalmente a ello. Capullo. Ni siquiera le ha propuesto a Clarisse participar en él, eso de ser la única de los dos que sabe de música no ha pesado mucho a la hora de tomar la decisión. La pobre Clarisse no sabe qué decirnos al respecto. Intenta hacer ver que lo apoya, pero tengo la sensación de que su precario equilibrio mental no le ha permitido asimilar aún la iniciativa de su querido novio. Con su camisoncito blanco y su sonrisa maravillosa sigue adelante.

II. Combustión

Año I d.S. (después del Single). Algo fue medio mal. Alf contrató lo mejor de todo para dar forma a su canción, pero nada salió como esperaba. Fue a un estudio de grabación con la última tecnología a disposición del artista, y ahí empezó la leyenda. Para cantarlo metieron al bueno de Alf en una cámara anecoica, un espacio especialmente diseñado para que el sonido no rebote en ninguna de sus paredes, eliminando así el eco y la reverberación. Alf no estaba preparado para aquello. Empezó a cantar con normalidad pero enseguida se percató de la rareza. Dicen que su gesto se tiñó de un pánico atroz. Alf oía cada sonido que emitía con una sequedad desgarradora, los sentía como sonidos vacíos, huecos, huérfanos. La letra de la canción dejó paso a sus gritos de auxilio, y éstos seguían siendo anormalmente perecederos, de extinción inmediata. Alf sentía que sus cuerdas vocales estaban atrofiadas y eran incapaces de emitir algo audible. Sus circuitos neuronales empezaron a entrar en contradicción hasta el punto que sintió que nada de lo que pensaba lo pensaba realmente. Empezó a notar una fuerza descomunal que tiraba de sus extremidades en todas direcciones, como si las paredes estuvieran tratando de estallarlo en mil pedazos y absorberlo junto a cada sonido de los que emitió. Un grito estremecedor, muy puro, precedió a la combustión espontánea de Alf, que ardió allí mismo, junto al micrófono y ante la atenta mirada de los técnicos de sonido y arreglistas. Hay físicos, músicos, policías y brujos investigando el asunto.

En cuanto al single, qué suerte tuvo. Dura 19 minutos. Comienza con la melodía original, la que compusieron expresamente para él, y continúa con la voz animosa de Alf entonando su paupérrima letra, algo sobre aventuras chungas en el mar y respeto al medioambiente. Pronto comienzan la confusión y los gritos. Todo esto ocupa 5 minutos. Los gritos van atenuándose al tiempo que una grabación del sonido ambiente de una serrería a las afueras de Avilés gana presencia e inunda de puro ruido los dos minutos siguientes. A partir del 7.37 comienza la combustión, cuyos sonidos decidió conservar y publicar íntegramente la heredera de su obra musical, Clarisse. Del 7.37 al 16.22 se escucha, acompañado por la Orquesta Filarmónica de Rotterdam, el crepitar del fuego en el micrófono -consumiendo a la vez la sala- mientras de fondo todavía resuenan extintores, exabruptos de Alf y voces de técnicos y bomberos. Del 16.22 al 17.00 hay un rato de silencio que Clarisse decidió incluir en memoria de su ex. Y del 17 al 19 se puede deleitar uno con el sublime outro compuesto por la propia Clarisse en el que canta sobre lo difícil que es el amor cuando uno de los amantes se incinera. Celestial.

El single fue titulado ‘Combustión’, muy lejos del ‘Aventura salada’ original, y va camino de convertirse en una pieza de culto. Clarisse ha sido entrevistada por medios especializados de al menos 20 países distintos y está poniendo en marcha su propio proyecto discográfico. Los parapsicólogos aseguran que en la grabación se pueden escuchar con nitidez las voces del infierno.

III. Clarisse y yo

¿Cómo iba a resistirme? Esa voz angelical, esa locura lánguida, sus cabellos dorados… Me presté a ser su paño de lágrimas pero fue incapaz de soltar una, así que simplemente nos enamoramos después de una noche de borrachera que nos depositó desnudos y vencidos en un baño de luz del amanecer. Sigue estando un poco chalada, pero yo no soy ninguna maravilla. Además, vivimos de lujo, el single y el merchandising nos reportan unos beneficios desorbitados y podemos dedicar nuestro tiempo a acariciarnos y derretirnos uno junto al otro. Ella es alguna clase de mito viviente, Alf una leyenda de la música y la parapsicología. Y a mí me dan mucha caña en la prensa e Internet: que si soy un vampiro, que si soy un sacrílego… He aparecido ahorcado, descuartizado o quemado en miles de fotomontajes. Incluso han llegado a insinuar que tuve algo que ver con el accidente del pobre Alf. Pero yo lo aguanto, la sonrisa de mi Clarisse lo vale cada mañana.

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3 comentarios

Dejar un comentario
  1. Concha Huerta / Ago 2 2011 11:48

    Si que te caia mal ese Alf. Pero hacerle estallas en una cabina cerrada… Espero que disfrutes muchos años de Clarissa. Saludos

  2. Desquiciado Don Nadie / Ago 5 2011 0:22

    Me gusta que plantees algo tan jodidamente surrealista en medio de una historia más o menos común de ésas a las que nos tiene acostumbrados Hollywood. Como si una doctora de un barco le dijese al capitán que “tiene caca”… ya sabes.

    Por cierto, “lo difícil que es el amor cuando uno de los amantes se incinera”, qué gran verdad joder. Alguien lo tenía que decir.

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  1. Siempre que muero « Cumbres sin ecos

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