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28 junio, 2011 / Jorge Gato

¿Qué escuchas, Anselmo?

Sepan que respeto a este tío, se lo digo en serio. Desde que aclaré los motivos de su suicidio en este mismo blog, han sido muchas las personas que me han expresado sus condolencias y que se han interesado por ponerse en contacto con la familia del que, muy posiblemente, fuera el último romántico de este mundo. Todo eso habla bien de Anselmo. Sus valores han conseguido conectar con los lectores, aunque quizá le llegara un poco tarde eso de conectar con alguien. En fin, pobre.

No obstante, hubo vida en Anselmo Coronado, y no sería justo que solo lo recordáramos por el triste día en que aconteció su final. Tiempo tuvo en sus 22 años de atravesar momentos de todas las clases, formas y colores. Quizá el éxito se le resistiera pero, a juzgar por su nota de suicidio, éste pudo haberle llegado en el último momento, en aquel encuentro fortuito y algo lamentable con su largamente amada compañera. Así que hoy quiero hacerle un regalo a Anselmo y recordar un episodio de su vida, un episodio que encierra en sí mismo un contrasentido, una indeterminación propia de aquel chalado silencioso que tan poco pudimos conocer.

Es una grabación de vídeo algo descolorida que le hizo su hermano mayor, Juan, allá por la tierna adolescencia de ambos. En ella encontramos a un joven Anselmo en un plano fijo, sentado al fondo de su habitación, de día y con los pies apoyados encima de la mesilla. Tiene la mirada perdida en algún punto que queda a la derecha del encuadre y no parece percatarse de la presencia de la cámara, ni tan siquiera de la de su hermano Juan, cuyas risitas insolentes bien le podrían haber delatado. Anselmo sigue a lo suyo con una expresión triste y ausente, embobado con Dios sabe qué. Las risitas de Juan rompen completamente la armonía y llegan a ser desquiciantes para el espectador, pero no para Anselmo, quien parece estar varios kilómetros dentro de sí mismo. ¿Qué escuchas, Anselmo?, le espeta de repente Juan. He de confesar que en un primer visionado ni siquiera me percaté de que había música sonando, pero a raíz de esta pregunta ya no hay manera de obviarla. La composición de la escena cambia drásticamente. Anselmo sale de su letargo y clava la mirada en un punto más elevado y distante que la cámara, punto que supongo corresponde a la cara de su hermano. Inmediatamente después, se aprecia que Anselmo descubre la presencia de la cámara y vuelve a conectar con los ojos de Juan. Se acerca lenta pero decididamente al lugar donde está la cámara, de tal modo que ésta se queda malenfocando su vientre, y pronuncia un escueto “Vete” que Juan no duda en respetar, portando la cámara consigo. Hasta ahí la escena. Entremedias, el contrasentido. La pregunta de Juan connota el porqué de grabar una escena tan cotidiana e intrascendente. Anselmo está perdido, amargado, mientras escucha una melodía inusualmente alegre, algo concebido para momentos de alegría desbordante y compartida. Este elemento musical otorga una nueva dimensión a la escena. La convierte en una excentricidad, en un delirio de grandeza al alcance de muy pocos. Y uno de esos pocos era, sin duda, Anselmo Coronado.

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One Comment

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  1. Concha Huerta / Jun 30 2011 16:45

    Una escena que nos deja pensando en esa mirada perdida juvenil de Anselmo… Saludos

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