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2 junio, 2011 / Erik Macbean

La esperanza, esa ilusa

Al principio, las circunstancias le habían invitado a abandonar su acostumbrado optimismo. Resistente, él, rechazó la oferta del destino. Se encontraba dispuesto a luchar, aún llevando las de perder. Después, esas mismas circunstancias se revelaron más próximas. Más amenazadoras. Más infranqueables que antes. Entonces, él, dudó. Pero no podía siquiera imaginarse su propia rendición. Ahora asume que debe seguir su camino. Sin embargo, y a pesar del peligro que corre si es descubierto, no puede evitar detenerse cada pocos pasos para observar aquello que le han obligado a dejar atrás; un manantial de vida e ilusión. El culpable de sus últimas sonrisas. Sus ojos, grises y resignados, aún conservan un leve destello de esperanza. De ingenuidad.

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One Comment

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  1. Concha Huerta / Jun 2 2011 10:56

    Siempre me han parecido los payasos unos seres tristes. Me gustó como describiste este rostro rendido a su destino. Un saludo

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