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19 enero, 2011 / Erik Macbean

Cobardes en portada

Que España es un país en donde predomina la cobardía en el ámbito laboral (y en el no laboral, también) es una realidad de la que cada vez se da cuenta más gente. Tampoco esto quiere decir que todo el mundo a todas horas sea un condenado ‘gallina’ cuyo único interés es guardarse las espaldas y la frente ante determinadas complicaciones. Pero es evidente que hay una actitud general muy sumisa hacia una serie de intereses, normalmente vinculados a nuestro bienestar. Muy poco orgullo, por otra parte. Aunque, bien pensado, sería aún más preocupante que la gente fuese cobarde y se sintiese orgullosa de ello. O quizás no. Quizás fuese esa una postura más coherente y por lo tanto debería ser valorada como tal.

En fin, diatribas aparte.

El caso es que esta tarde me encontraba tranquilamente navegando por la Red, pinchando aquí y allá, husmeando en determinados medios digitales, escuchando un poco de música y todo eso que hace la gente cuyas preocupaciones económicas son nulas debido a que su ‘blog’ lo acaba de fichar The New York Times dada la afluencia de lectores. Y en esto que veo una noticia que dice lo siguiente: “La RFEF [Real Federación Española de Fútbol] culpa a una becaria de las alusiones a Mourinho [entrenador del Real Madrid] en su página web”. Leo la noticia completa, que básicamente relata que una desgraciada becaria ha puesto un titular en el portal de la mencionada Federación poco acertado, según explica un comunicado de la institución tras recibir una queja formal desde el Real Madrid.

Entonces saco tres conclusiones.

La primera es que el redactor de esa noticia que acabo de leer es un buen profesional que ha sabido plasmar en el titular la verdadera esencia de la historia al utilizar los términos “culpa a”. Porque lo que se cuenta es más o menos eso; los responsables de una institución echando balones fuera y, en concreto, echándoselos a uno de sus empleados que, en el poco probable caso de que perciba un duro, será por debajo del sueldo mínimo. ¿Por qué? Pues porque está aprendiendo el oficio.

La segunda es comprobar una vez más cómo por salvar el culo ante una figura relevante que te puede traer complicaciones, un director de lo que sea reniega disimuladamente de su cargo y, ante la más que posible situación de comerse un marrón, se niega a aceptar ninguna responsabilidad. Cuando lo normal es que una becaria ponga lo que dictan desde arriba o, si tiene vía libre a la hora de redactar, lo normal es que se revise lo que ha escrito antes de publicarlo. Y en el irresponsable caso de que no se le dedique ni un minuto a la tipa, si luego hay reclamaciones, comunicados, quejas, dramas y demás por parte de los implicados en el texto, debería salir alguien a asumir la cagada y pedir disculpas o a defender lo que se ha hecho, según venga el viento de donde venga. Y ese alguien también debería, ya que estamos, asumir el error de no haber hecho el conveniente seguimiento a una futura profesional -o puede que ya no- del sector de las comunicaciones. Porque es lo que se espera; trabajar por una mierda a cambio del aprendizaje pertinente. Aunque bien pensado, esta chica se ha llevado una valiosa lección de todo esto que puede resumirse perfectamente en que el mundo está lleno de basura.

La tercera conclusión que tomo prestada es que yo hasta ahora pensaba que mi jefe tenía multitud de defectos. No obstante, y a pesar de ser esto una verdad como una catedral, debo reconocer que visto lo visto prefiero todas esas complicaciones de su carácter a que me venda a la primera de cambio en cuanto se asoman complicaciones como las que probablemente le hubiese causado el Real Madrid al capullo de turno.

Nada nuevo bajo el sol en realidad. Lo preocupante es que me siga indignando ante este tipo de cosas. Debería haber superado esa etapa. O quizás nunca deba superarla para así no olvidar jamás en qué debo evitar convertirme. Claro que, ¿diré lo mismo cuando cobre una pasta por tocarme los cojones, ir a comidas y echarle la culpa públicamente a la que me trae el café todas las mañanas cuando algo ha escapado a mi control?

En fin, diatribas (de nuevo).

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