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18 enero, 2011 / Jorge Gato

Cero

0.

No se le tiene en cuenta ni aun cuando de contar se trata, es para el uno toda su gloria. Marginado representante de la nada absoluta, del vacío. “Es el signo numérico de valor nulo” o “En notación posicional, ocupa los lugares donde no hay una cifra significativa”, llegan a decir de él. Aparece cuando todo está por comenzar, y se va en el preciso instante del inicio.

Sin embargo el cero es orgulloso, presumido. Obsérvenlo ahí, al comienzo de esta entrada. Henchido, tranquilo. La gravedad debería hacerlo caer para algún lado, pero permanece inmóvil, contemplativo. No transmite arrogancia, sino más bien la serenidad de quien se sabe realizado. Será quizá por esa facilidad con la que convierte a cualquier número en su semejante, multiplicación mediante, sin importarle cuán imponentes sean sus cifras. O porque tiene la certeza de que los demás números ansían su aprobación; si la consiguen, el gentil cero decuplicará su valor, colocándose grácilmente a su derecha; si fracasan, se acompañará de una coma para situarse a su izquierda, dejándolos maltrechos, peligrosamente cerca de su extinción.

Así es la disonante historia del cero, cuya figura parece abrazar el abismo.

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One Comment

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  1. Concha Huerta / Ene 18 2011 16:06

    Me gusto esta reflexión sobre el 0 ese numero único que parece perfecto. Tienes razón que su orgullo parece venir de representarse le con una forma tan perfecta como un círculo. Un saludo

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