Skip to content
5 enero, 2011 / Jorge Gato

Dios existe

Dios es a la humanidad lo que el monstruo del armario es a los niños, sin que esto confirme o desmienta la existencia o inexistencia de ninguno de los dos. Ni constituya una falta de respeto a sus abnegados o atemorizados fieles.

No es que me crea más listo que Stephen Hawking, ni mucho menos, pero a veces los científicos se ciñen demasiado a todo lo que pueden ver, tocar o identificar matemáticamente. Y no está mal que sea así, para lo demás ya están los filósofos o los teólogos. Pero para mí la existencia de Dios es algo palpable, cuantificable y hasta fácilmente comprobable. Conste en acta que hasta este momento no me he referido a la fe como método certificador de su existencia, es algo más sencillo que, aunque la incluye, solo trata de comportamientos y condicionamientos humanos. De este modo me guío por el siguiente razonamiento.

Tanto Dios como el monstruo del armario son imposibles de fotografiar. Tampoco se puede mantener una charla con ellos, ni invitarlos a café, ni telefonearlos. No debemos esperar de ellos que nos lleven en su coche, que nos envíen una carta, ni que se acuerden de nuestro cumpleaños. En definitiva, no podemos albergar demasiadas esperanzas de reciprocidad en nuestra relación con ellos. Sin embargo, de manera unilateral, sí somos capaces de muchas cosas gracias a ellos. Podemos arroparnos hasta las cejas en pleno verano o acostumbrarnos a dormir con una molesta luz siempre encendida. Podemos renunciar al sexo, dedicar cinco minutos diarios a lanzar súplicas o agradecimientos con la esperanza de que lleguen más arriba de nuestro techo, demonizar métodos anticonceptivos aun cuando su valía ha sido ampliamente demostrada y constatada, e incluso usar su nombre para hacer el bien o el mal, según lo que convenga. En fin, podemos llegar a condicionar enormemente nuestro comportamiento por ellos.

Visto esto, mi pensamiento ya resulta fácil de entender aunque no estoy seguro si de compartir. Tenemos un generoso párrafo de efectos -aunque no representen ni una millonésima parte de la totalidad- y dos causas señaladas: Dios y el monstruo, que debería tener derecho a ser Monstruo. Los efectos representan la cara tangible de la teoría y las causas la ilusoria. Algunos de ustedes dirán: “Vale querido, pero siguen siendo seres mitológicos, fantasía pura. ¡No pueden ni sostener un vaso de agua, maldita sea!”. Está bien, lo acepto. Pero se me ha ocurrido un gran número final: comparar a Dios y al Monstruo con una enfermedad mental al azar, por ejemplo la esquizofrenia. Nadie ha estrechado la mano de esquizofrenia, ni ha recibido un regalo de bodas de su parte, ni ha jugado al baloncesto con ella. Sin embargo, sus efectos -estos sí, reales, visibles- han hecho de la causa una verdad, nadie duda de que la esquizofrenia exista. No duden entonces del Monstruo.

Anuncios

One Comment

Dejar un comentario
  1. cristiaserrano / Ene 5 2011 15:54

    La imaginación es ilimitada, y el poder la mente insuperable. Cualquier existencia puede producirse si flota en nuestras neuronas.

    Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: