Skip to content
31 diciembre, 2010 / Erik Macbean

Últimos Días

Un hombre pide en el metro. Sin la delicadeza habitual que rige en su clan. Ha perdido la paciencia. Grita, gesticula y se acuerda de todos y cada uno de nuestros familiares. De los vivos, de los muertos y de los que están aún por nacer. Luego procede a pedir caridad reconociendo que ha sido (quizás aún lo sea) drogadicto, que acaba de salir de la cárcel hará unos días y que se le está terminando la ropa limpia al no tener un techo bajo el cual dar un descanso a sus harapos. El pasaje aguanta el chaparrón con porte estoico. Menos una señora, que decide bajarse del vagón antes de su destino. Parece que le ha desagradado el miedo que siente y no la angustia de no tener nada que darle. No recibe malas miradas al salir, sólo vistazos llenos de comprensión. Finalmente, el que hizo de una adicción su perdición se va sin un duro recolectado. Maldice a todos los infiernos mientras camina por el andén. Probablemente sepa a quién está mentando. Seguro que los conoce bien.

Una persona yace tumbada boca abajo en el suelo. Parece un gitano que ronda la cincuentena. La calle es peatonal, céntrica y experimenta un gran tránsito de personas que van cargadas de compras navideñas enfundadas en bolsas de grandes superficies comerciales. Pocos reparan en él. Ya hay dos señoras agachadas y apenas se detienen a observar la situación un par de turistas. Luego aparece ella. El gitano parece un esquizofrénico; le tiemblan las piernas. Ella se acerca, saca una Blackberry colorada, lanza una foto, le dice algo medio sonriendo a las personas que se encuentran agachadas junto al cuerpo del pobre diablo y luego prosigue su camino. Parecía estar disculpándose, o quizás sólo argumentando que es legítimo según la normativa actual hacer lo que acaba de hacer. La fotógrafa espontánea se junta a pocos metros con un varón de su misma edad y el que parece un hijo de ambos. Tendrá unos 12 años de edad, más o menos. Probablemente el pequeño acaba de presenciar toda la escena, de la que sin duda extraerá valiosas lecciones que aplicará en su prometedor futuro. Cosas de críos. Cosas de madres. Cosas de mendigos azotados por el frío.

Poco dinero. Mucho gasto. Público escaso, molesto y exigente. Una oferta tentadora sobre la mesa. CNN+ anuncia que cierra y su espacio lo ocupará un canal dedicado las 24 horas del día a emisiones relacionadas con el programa Gran Hermano. Me invade una tristeza que no he experimentado ni con el drogadicto del metro ni, tampoco, con el indigente derribado por las penurias que asolan su miserable existencia. Donde he visto dramas personales ahora veo un gran drama social. El negocio lo engulle todo. Y la calidad no es rentable. Una ecuación que aterra. Muchos españoles saben qué hizo ayer Belén Esteban. Muchos menos entienden por qué ha subido un 10% la tarifa de la luz. Adiós Gabilondo. Adiós Cultura. Que un altruista te asista, de lo contrario George Orwell se convertirá en el Mesías contemporáneo. Aunque yo prefería su policía del pensamiento a la que me han presentado en estos tiempos modernos. Cuestión de gustos. Es mejor la mierda con kétchup que con semen. Menos humillante metértela en la boca. Más sabrosa.

Soy arrogante. Soy resabido. Doy miedo. Infundo respeto del que no se quiere cosechar. No se me ve venir. Tampoco marchar. Bastardo en bastardas circunstancias, digo. Bastardo a secas, dicen. Quizás.

Adiós Dos Mil Diez. Bienvenido Dos Mil Once. Inquietante reto el que tienes, tú, por delante.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: