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10 noviembre, 2010 / Jorge Gato

Cuando nada importa

Es preciosa esta fotografía, no me digan que no. Los colores, el encuadre, la escena. Es perfecta.

El niño que la protagoniza no vive en una casa flotante, ni es Dios y por eso anda sobre las aguas, ni está en la puerta del embarcadero, ni intenta pescar. El niño está delante de la puerta de su hogar y la ciudad en la que se encuentra su hogar está inundada. Es por eso que el agua le llega a los tobillos. Para nuestro alivio, no debió de correr gran peligro pues, a juzgar por la marca en la puerta, el nivel del agua no subió más allá de sus rodillas. Aunque eso a él poco le importa. Se encuentra en esa edad mágica en la que si su papá y su mamá aún son capaces de caminar, todo lo demás resulta pasable. Por eso puede agarrar su juguete favorito y salir a ejercer de niño, hoy el mar llega hasta la puerta de casa.

A jugar pues, como niño, sin saber siquiera que juega.

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