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19 octubre, 2010 / Erik Macbean

La permisividad y la censura en el mundo del deporte

Ayer lunes 18 de octubre de 2010 el mundo del deporte se levantaba con una buena noticia: se había vuelto a censurar de forma efectiva el racismo que protagonizaron, esta vez, los aficionados de un equipo llamado Cagliari, que comparte nombre con la ciudad que aloja su estadio e historia. Por el momento ambos -equipo y ciudad- pertenecen a Italia.

Resulta que, al parecer, el árbitro que dirigía el encuentro que enfrentaba el domingo por la tarde al equipo de Cerdeña contra el Inter de Milán, decidió suspender el partido durante tres minutos para que cesaran los gritos simiescos que la grada dedicaba al delantero africano Samuel Eto’o. Finalmente el partido pudo reanudarse tras 180 segundos de incertidumbre y con un público amonestado que, desde entonces hasta el final del evento, dejó de imitar a Mowgli.

La reacción es la que cualquier persona esperaría; los directivos del fútbol italiano, y mundial, colgándose medallas, Eto’o encantado de la vida, otros jugadores africanos exigiendo lo mismo y la sociedad y prensa desayunando el lunes tranquilos y contentos. La lacra se está acabando. Los racistas cada vez son menos y, desde luego, ya no pueden exhibirse con total impunidad, como pasaba antaño. Etcétera. Palmaditas en la espalda y aplausos, en definitiva.

La pregunta que yo me hago en voz alta es si acaso un “negro de mierda” es peor que un “maricón de mierda” o que un “gitano portugués de mierda” o que un “español/vasco de mierda” (dependiendo de dónde se ubique uno). O acaso quizás sea peor que mofarse de la hija enferma de cáncer de un jugador o hacer chistes cantados teniendo como protagonistas a jugadores fallecidos en trágicas circunstancias. ¿Acaso el racismo es peor o más importante que la homofobia o las meras descalificaciones contra una persona por ser como es, ser de donde es o sufrir lo que sufre o ha tenido que sufrir? ¿Qué es lo que se puede permitir y qué es lo que se debe censurar?

Seamos sinceros. Somos -blancos, negros, amarillos y apaches- protagonistas de una sociedad compuesta por una gran mayoría de hijos de puta. Ya es hora de aceptarlo y vivir con ello. El fútbol muestra, en letra pequeña, los instintos más primarios de una sociedad. Pero sigamos poniendo diques al mar (esto sí, esto no), que me voy a reír al ver cómo acaban. Porque terminarán rotos, como siempre.

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