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18 octubre, 2010 / Jorge Gato

La vida en un instante

Imagino en ocasiones vidas probables, vidas inalcanzables, vidas que quizá ya viví. Por imaginar cómo vivir algunas veces hasta me olvido de que vivo. Por eso escucho con frecuencia el “Jorge, baja de la nube”, “Jorge, sal de tu mundo”, “¿Jorge?”. Pero no puedo abandonar el vicio de verme en otros sitios, vestido de otras maneras, viviendo vidas que no tengo ni tendré, y que ni siquiera estoy seguro de querer tener.

Intento hacer caso, conectar con el mundo real más a menudo. Pero entonces me siento como el ludópata que intenta resistirse al encanto de la ranura para las monedas o de las mesas de apuestas, con la diferencia de que yo no sé en qué lado de la realidad se sitúan las mías. Y con la diferencia de que yo sólo tengo que apartar la vista a un lugar vacío o cerrar los ojos para empezar a despilfarrar monedas. Aunque hasta en eso soy afortunado, pues no tengo que despilfarrar nada. Minutos quizá.

Muchas veces imagino sin querer. Me pasa sobre todo mientras escucho música, especialmente con determinado tipo de música. No siempre soy yo metido en otros zapatos, también veo a otra gente con vidas de lo más variopinto, casi siempre sin hacer nada en concreto, simplemente estando, existiendo. Esa es una de las ventajas de imaginar, que no necesitas verlo todo, no necesitas todos los detalles para hacerte una idea; basta con un pequeño gesto o color de jersey para componer todas las alegrías y los sinsabores de extensas e inexistentes biografías, para imaginar toda una vida con tan sólo un instante. Me parece prodigioso el funcionamiento de la imaginación. Ni siquiera tienes que intentar detallar las experiencias ni los momentos concretos, no tienes que centrar tu atención en una diminuta porción de la tarta, porque ya has visto la tarta entera, el mostrador de tartas, la pastelería y la ciudad en la que están. Todo cortesía de un fogonazo imposible de describir o desmenuzar, inabarcable para un pensamiento detallado.

Imagino, por imaginar, que muchos sabréis exactamente qué tipo de fogonazo es éste y cuál es esa sensación que deja, como si ya lo supieras todo pero no fueras capaz de concretar nada.

Seguiré echando monedas.

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