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10 octubre, 2010 / Erik Macbean

Patinaje en el arte de contar lo que sucede

Llevan ya varias semanas requiriéndome que elabore una reflexión –una más- sobre la situación que atraviesa ese oficio llamado Periodismo en nuestro amado país. Tras meditar un tiempo sobre si debía o no debía realizar dicho ensayo (pereza y cautela, lo llaman) he decidido aparcar la humildad y la timidez que me caracterizan para, yo también, aportar mi opinión sobre cómo andan las cosas en el sector de la información.

Mucho se ha hablado y debatido sobre el pasado de los medios de comunicación, el presente y su futuro. Y hay tantas opiniones como pelos en la barba de Karl Marx. No obstante, la conclusión tiende a ser unánime: el panorama es desolador. Los únicos que creo no apoyan esta teoría son los basureros ‘del corazón’, pues a ellos el asunto les va como un tiro y, supongo, les seguirá yendo como un tiro pase lo que pase. La mediocridad del ser humano es una inversión fiable, parece.

A la hora de analizar dónde está el Periodismo y hacia dónde se dirige yo empezaría por lanzar una pregunta importante: ¿el Periodismo es una carrera o un oficio? Si uno echa un vistazo a las estadísticas actuales apenas albergará dudas sobre lo básico que es estudiar en una universidad para lograr ser periodista. Pero si uno piensa y medita sobre el asunto, las cosas no están tan claras.

¿Por qué? Pues porque el Periodismo no se puede enseñar en un aula. Es una cuestión de talento y experiencia. Talento y experiencia para llegar a ser parte del entorno en el que te vas a mover y desde el que vas a informar, sea cual sea. Y talento y experiencia para saber contar lo que ves, percibes o escuchas. ¿Eso te lo enseñan entre cuatro paredes? Creo que la respuesta es obvia. Además, lo de escribir muy bien es complementario. Un buen periodista necesita expresarse de forma correcta, no de forma extraordinaria. El arte de la profesión no reside tanto en transmitir una noticia al público tratando de lograr el orgasmo del respetable ante las formas verbales utilizadas como en lograr encontrar una noticia y en saber seguirla. Luego contarla, pues hay que saber contarla, pero en ningún caso tratar de aspirar al Nobel de Literatura con ella. De hecho, normalmente los premios de prestigio dentro de la profesión suelen ser otorgados por lo que se cuenta, no por cómo se cuenta.

Y aunque las comparaciones sean odiosas, no hay que evitar mirar a varios de los grandes periodistas españoles en la actualidad. Enric González es un buen ejemplo. Comenzó la carrera de Periodismo y la dejó a medio camino. No la llegó a terminar. Ahora es señalado como “el mejor columnista de España” y tiene seis corresponsalías a sus espaldas; Londres, París, Nueva York, Washington, Roma y Jerusalén, nada más y nada menos. Carlos Herrera es otro ejemplo. Estudió Medicina, y luego se dedicó a charlar por las mañanas en Ondacero. Y como ellos dos hay multitud de ejemplos que secundan la teoría de que el Periodismo es un oficio que se aprende ejerciéndolo, no estudiándolo (¿estudiando el qué?).

Además, de la facultad de Periodismo sale mucha gente con un grave problema: se creen que el papelito que les acredita como profesionales de la información les da derecho a cobrar no sé cuántos euros mensuales. Por la cara. La falta de humildad es un síntoma bastante común en los novatos, y muchos no cuajan en un medio por el poco aguante que tienen. Parece ser que hoy en día sólo te pueden pagar en euros. Y en un entorno laboral en el que la experiencia supone una gran parte del éxito profesional posiblemente cosechado en el futuro, que te permitan ‘rodarte’ en una redacción debería suponer un privilegio, y no un castigo si no te pagan como mínimo 800 al mes. Tampoco se trata de trabajar gratis, pero un recién licenciado debe ser consciente de que al medio de comunicación que le fiche sólo le aporta tiempo y ganas. Ni buena información ni mucho menos exclusivas, que es en definitiva lo que otorga lectores (y pasta) al periódico de turno, por ejemplo. Así que se tiene que asumir el fichaje como una oportunidad de conocer y de darse a conocer y no como la oportunidad de poder, por fin, costear una maldita hipoteca a 35 años al 4,5% de interés. Debe haber un cambio de mentalidad entre los chavales. Que no se dejen pisar, pero que tampoco se consideren lo que no son, ni exijan, en consecuencia, lo que no se merecen.

Tras haber intentado aclarar este par de asuntos relacionados con la formación de periodistas ahora hay que pasar a ver lo que sucede con los medios de comunicación actualmente.

Llegados a este punto uno se topa, de nuevo, con multitud de teorías. Pero también con las mismas conclusiones en la mayoría de los casos; poco tiempo, muchas ganas de abarcar de todo y facilidad de difusión a cualquier escala, ya sea profesional o aficionada. Como diría un jefe de redacción bastante odiado dentro del gremio: “hoy cualquier tonto con un blog te monta un follón de puta madre”. Y razón no le falta. Los grandes medios comienzan a carecer de atractivo porque no pueden abarcar toda la actualidad, y mucho menos transmitir esa actualidad al instante. Algo que sí puede hacer Internet gracias a la diversificación. Ahora se antepone la rapidez a la calidad y densidad de una información. Se antepone un teletipo de última hora sobre el último asesinato de la mafia que un reportaje de tres meses sobre la organización de la Cosa Nostra siciliana en la actualidad. Para la gente lo primero es noticia y lo segundo es material de novela policiaca.

Eso tiene unas consecuencias graves. La más destacada para mí es que las prisas, si bien son necesarias, llegadas a un extremo perjudican a la propia información. No permiten al redactor completarla y mucho menos redactarla correctamente salvo que lleve treinta años en este trabajo y tenga un editor al lado echándole un cable. Y en relación a este dinamismo exagerado, la otra consecuencia grave es que el periodista no acaba de especializarse en algo. Tan pronto ha enviado la noticia al mundo exterior se pone con otro tema diferente. Por eso, en España, no hay una publicación que siquiera roce el nivel que desprende el prestigioso semanario The Economist o la revista Time. Intentaron existir, pero se ahogaron. Aquí no se premia la profundidad, se premia la última hora. Única y exclusivamente.

Los grandes medios son los responsables de evitar que esto se siga dando. Tienen que educar al lector a complementar las ‘últimas horas’ de los portales de Internet con los reportajes bien elaborados en relación a ese mismo tema que se publiquen, por ejemplo, una semana después. Ambos son interesantes. Ambos aportan noticias. Ambos se necesitan el uno al otro y se complementan para informar mejor al interesado de lo que sucede. Ambos son Periodismo.

Dentro del refranero popular castellano se pueden encontrar multitud de definiciones que encajan con el panorama actual de esta profesión tan poco profesional en algunos casos. Aunque lo más preocupante es que esta situación se asume con resignación, mientras seguimos sin elegir las sendas a seguir adecuadas, patinando sobre un suelo resbaladizo mientras nos adentramos en un bosque cada vez más denso, oscuro y tenebroso.

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One Comment

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  1. micromios / Oct 10 2010 23:08

    Me ha parecido una buena reflexión. Creo que en todas las profesiones hay un punto de adquisición de experiencia que no hay facultad que enseñe. Por otra parte la prensa cada vez es más opinión y menos información. Se ha perdido la independencia y objetividad.
    Salut

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