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9 octubre, 2010 / Erik Macbean

Secuelas de una guerra reciente y europea

La Guerra de los Balcanes croata (1991-1995) parece muy lejana. Incluso para muchos de los habitantes de este joven país. Hoy la costa dálmata recibe anualmente a cientos de miles de turistas, con las ciudades de Dubrovnik y Split como reclamos principales, y Zagreb, si bien tiene un aire mucho más soviético, acoge también a multitud de curiosos de Occidente que deciden visitar el castillo de Medvegrad y el edificio de la Ópera, entre otros lugares de interés cultural.

La Guerra está completamente superada. Salvo para los que en ella participaron y a ella sobrevivieron. Por eso me ha resultado curioso encontrarme con un documento audiovisual realizado por el Ministerio de Cultura croata retratando la vida diaria -y marginada- de tres veteranos del conflicto.

El vídeo comienza con imágenes acontecidas durante un partido de fútbol. No es coincidencia. Muchos estudiosos del conflicto han apuntado que el inicio de la Guerra de los Balcanes que destruyó Yugoslavia comenzó el 13 de mayo de 1990 (un año después surgiría la primera proclamación de independencia por parte de Eslovenia), durante un encuentro entre el Dinamo de Zagreb, que jugaba de local, contra el Estrella Roja de Belgrado. En aquel partido las consignas independentistas se manifestaron en la grada de forma extrema debido al clima político del momento, hubo invasión del terreno de juego por parte de los aficionados y Zvominir Boban, uno de los mejores jugadores yugoslavos de aquella época, propinó una tremenda patada a un policía que estaba agrediendo a varios aficionados croatas sobre el césped del estadio Maksimir de Zagreb. Como digo, para muchos estudiosos del asunto, esa patada supuso el comienzo simbólico del fin de la antigua Yugoslavia.

Tras la conclusión de esta guerra, Croacia comenzó una nueva andadura en Europa como potencia independiente. Ahora impera un clima de lo más normal e incluso la zona le roba inversión extranjera a otros lugares de tradición más estable, como Grecia y Turquía.

Tan sólo en algunas caras se puede ver miedo, odio y desesperación. Las caras que aún viven un conflicto ya enterrado por la sociedad que les rodea. Unas caras que ni tan siquiera quiere mostrarnos este vídeo.

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