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1 octubre, 2010 / Jorge Gato

Imagenario

Hoy en día casi todo el mundo tiene una cámara fotográfica al alcance de su mano. Existen cientos de modelos y de marcas. Las hay de mejor calidad, otras de menos; algunas más caras, otras más baratas, y otras prohibitivas. Incluso ya no podríamos imaginar un teléfono móvil sin cámara de fotos.

Es esta sencillez con la que nos encontramos una cámara en nuestras manos la que ha hecho que la afición por la fotografía aumente hasta límites insospechados. Y que conste que no me parece mal. Me empieza a incomodar un poco, eso sí, que todo el mundo se crea fotógrafo profesional; no tanto que todo el mundo quiera aprender fotografía, porque aprender en líneas generales me parece una buena actividad a la que dedicar algún esfuerzo. Pero estoy algo cansado de ver fotos que no me dicen nada, que no le dicen nada a nadie, maquilladas con la calidad de una cámara cara y unos pequeños ajustes aquí y allá con programas informáticos. La cultura del clic seudoartístico crece con fuerza gracias al impulso de las redes sociales, de los comentarios que aplauden con entusiasmo la mediocridad y que alimentan el ego -en ocasiones desmesurado- de los intentos malogrados de fotógrafos. También es cierto, sin duda, que gracias a las mismas redes sociales -y a la Red en general- se pueden llegar a conocer fotógrafos muy interesantes, con talento de verdad y algo que decir en cada uno de sus clics. En definitiva, a través del ejemplo de la fotografía podemos establecer la dicotomía que plantea la globalización: por un lado, nos permite tener acceso al trabajo de mucha gente válida, talentosa, que se sirve de la Red para hacernos llegar sus avances, sus conquistas, o que se sirvieron de ella para alimentar su hobby, para aprender y ampliar sus horizontes; en el otro lado, encontramos una superpoblación de artistas inabarcable que a menudo nos conduce a un desinterés fruto de la saturación. Y desde luego es triste que nos pase desapercibido el trabajo con verdadero valor por hallarse sumergido en un océano de otros con menor potencial. Exactamente igual pasa en este mundo, el de los blogs.

El motivo de esta entrada es presentar una nueva idea que intentaremos desarrollar también en este espacio bajo la categoría de Imagenario: el comentario fotográfico. Bien sea porque encontremos alguna de esas imágenes que dicen tan poco que te ves casi forzado a darle algún significado, o bien porque la fotografía nos resulte tan buena que tengamos que comunicar los cientos de cosas que nos susurra, intentaremos transmitiros nuestras reflexiones sobre esa imagen que, en nuestra opinión, merezca ser rescatada del olvido cibernético. Por ser ésta la presentación permitidme una pequeña excepción, en este caso la imagen ha sido elegida como complemento del texto y no al revés, como deberá ser a partir de ahora.

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