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21 septiembre, 2010 / Jorge Gato

Plástico

De plástico hacemos las bolsas de la compra, las botellas de agua mineral, las de refrescos, los teclados, los teléfonos, los cepillos de dientes… Manoseamos plásticos aquí y allá, nos los metemos en la boca y los reciclamos; ocupan una parte importante de nuestras vidas. Sin embargo, a pesar de ser tan cotidiano como un calcetín o un rayo de sol, ayer me asusté del plástico.

Estaba sentado cómodamente en el sofá del salón viendo un canal musical prestigioso, lamentando la poca variedad que sigue ofertando pese a existir millones de bandas con muchas más cosas que ofrecer. Tras padecer unos 150 vídeos de la insufrible artista conocida como Lady Gaga, apareció en pantalla un videoclip que fusionaba el modesto hacer de un Dj con la música de una de esas artistas cuya música es algo difícil de catalogar, cercana al dance tal vez, y en cualquier caso discotequera y bailable. Este tipo de fusiones están proliferando últimamente en la cumbre de la música comercial. Dj’s como David Guetta o Tiësto han aparecido cada uno con una veintena de artistas distintos este verano, prestando sus habilidades musicales al pop o al hip-hop, introduciendo en las pistas de baile de todo el mundo a artistas que no suelen entrar.

Miré con gesto neutro los primeros instantes del vídeo hasta que una observación comenzó a producirme cierta inquietud. Por más que miraba a la artista, era incapaz de calcularle una edad probable. A veces me parecía una veinteañera animosa y a veces una sexagenaria que se negaba a asumir el paso del tiempo. A ratos me convencía de su juventud y a ratos de su vejez. No conozco la vida de esa artista, no sé si quizá tiene una obsesión enfermiza por entrar y salir de quirófanos. Quizá sólo fuera un logro detestable del maquillaje, o de los efectos de posproducción del vídeo. Pero me daba la impresión de contemplar un trozo de plástico, algo completamente artificial que por momentos era capaz de seducirme, luego de dejarme completamente indiferente y más tarde de inspirarme la ternura de la que sólo una abuela es capaz.

Puede ser, no lo niego, que me obsesionara excesivamente con la pobre muchacha. Pero debo afirmar que al ser humano no le sienta bien volverse de plástico.

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