Skip to content
3 septiembre, 2010 / Erik Macbean

El portal que no amaba los secretos (de Estado)

El portal de información Wikileaks ha generado mucha polémica con sus últimas publicaciones. Y no es de extrañar, primero teniendo en cuenta que vivimos en la época del ‘neo espionaje’ -esta vez sustituyendo a Ivanov por Osama y al cabello de tinte zanahoria por el azabache- y segundo tomando en consideración que este portal se dedica a publicar documentos que, en teoría, no deberían estar a la vista de todos por temas de seguridad nacional, pudor presidencial y todo eso que sale en las películas.

Por eso es normal que, ante semejante situación, se encuentren dos posturas enfrentadas. Una dice que la libertad y el derecho a conocer está por encima de cualquier otra cosa. Otra, la más conservadora, sostiene que la seguridad -“y más en los tiempos que corren”, afirman algunos que debieron de nacer antes de ayer- tiene que estar por encima de la curiosidad y todo ese tinglado mal llamado progresista.

A mí el debate me toca de cerca. No de muy cerca, porque no soy de la CIA, pero sí de cerca, porque mi trabajo consiste en informar a la gente de lo que pasa en este simpático mundo. Soy periodista, o al menos lo intento y así figuro en mi raquítica nómina. Pues bien, de lo que se trata en el gremio es de dar a los lectores información privilegiada (a poder ser) y auténtica (por obligación). Después, cada uno puede sacar sus propias conclusiones. Mi cometido se resume a elaborar un producto de calidad bien arreglado, y luego que cada cual lo cocine como quiera.

Pues con Wikileaks pasa más o menos lo mismo.

No es que yo menosprecie la seguridad de mi entorno, ni mucho menos. Pero a eso antepongo el derecho a conocer lo que se cuece a mi alrededor. Y por ello la labor de Julian Assange me resulta digna de admiración. No tanto porque se esté jugando que le peguen un tiro (supongo que ya irá sobre aviso en ese turbio aspecto), sino porque nos ha confirmado a todos con documentos oficiales, testimonios variados y rebotes en despachos ovales que las potencias occidentales, de cara a la realidad, creen que el fin justifica los medios.

¡Ojo!, que yo no entro a valorar si se debe asumir con dolor hipócrita cargarse civiles como daño colateral en la ofensiva contra el talibán o si realmente todo ello es vomitivo y reprochable. Aunque supongo que si al final se extinguen los ‘barbudos’, todos los de por aquí respiraremos más tranquilos. En cualquier caso: no, ese fregado ético y moral me viene grande, y como se acaba el buen tiempo, intento no pisar según qué jardines.

Lo que yo sinceramente aprecio de Wikileaks es que tiene el nada desdeñable gesto de poner en mis manos las herramientas necesarias para evitar que me tomen por un ciudadano gilipollas de ahora en adelante. O al menos, por un ciudadano tan gilipollas. Siempre y cuando yo quiera dejar de serlo, claro. Pero esa es otra historia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: